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With Zumzumegui in my dreams

Junio 25, 2008

Termino la jornada matinal a las 14.00 y cuando estoy a punto de irme y cerrar con llave la oficina, llega una señora que trabaja cerca y me pide un ordenador para transcribir un montón de papeles porque el suyo no funciona. Así que accedo y la dejo copiando sin parar en el ordenador de mi jefe y con la puerta de la oficina abierta.

Cuando vuelvo por la tarde al trabajo, me cruzo con Zunzunegui en el Pasaje de Peña y me saluda entre simpático y despistado, mientras se marcha a toda prisa. Se estaba despidiendo de Zumalde, que se dirige a la peluquería regentada por gays que está pegada al portal de mi edificio.

Una de dos. O mi oficina está en el despacho del Departamento de Audiovisual de la UPV-EHU o el despacho de Zumalde está en el Edificio Simeón, porque mi destino, entrando por el portal del trabajo, es su despacho. Para preguntarle dudas sobre una imagen que quiero analizar semióticamente y teniendo clarísimo que hablando Zumalde habla al mismo tiempo Zunzunegui, que está dentro de él y me explicará temas de Sociosemiótica desde dentro del cuerpo de su discípulo.

La imagen que quiero analizar es un cuadro fascinante y Zumalde y yo nos quedamos mirándolo un buen rato. Él me indica que me fije sobre todo en los espacios vacíos y en el encuadre y me da otro montón de pistas que apunta en una hoja que luego hace desaparecer.

Le digo que me acompañe a la oficina para enseñarle lo que llevo hecho por el momento, pero cuando llegamos, ahí sigue la señora de antes copiando sin parar. Eso nos coarta.

Le digo que echo en falta la universidad y él me dice que me contaría muchas cosas personales pero que no lo hará por si me da por el periodismo rosa. Y yo le replico gritando “¡Puaaaj!”. Y vuelve a su despacho flanqueado por dos chicas despampanantes que no paran de pedirle que les hable de El crimen de Monsieur Lange.

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Atrapados por la marea

Junio 23, 2008

Dentro de un recinto acristalado, soy testigo de cómo una ola gigante en una subida de marea atrapa a muchísima gente, a mí incluída.  Un hombre mayor se queja porque no entiende cómo siguen dejando que nadie viva tan cerca del mar, si hay crecidas así, aunque no ocurran a menudo. En ese momento miro desde dentro de la cristalera y soy testigo de una especie de repetición del momento en el que la ola enorme nos envuelve, aunque lo que yo veo es cómo se lleva mi toalla y demás enseres de la playa.

Cuando consigo salir del agua, soy consciente de la cantidad de cosas que he perdido en el mar: ropa, objetos personales… Lo voy recuperando poco a poco, pero me doy cuenta de que me falta la toalla, así que vuelvo a por ella. La tiene una chica, envolviendo una de sus piernas, que no para de sangrar. Veo que la van a subir a un autobús y me acerco a ella y le digo que es mi toalla, que me la compró mi madre. Ella me la intenta devolver, y en ese momento me doy cuenta de lo increíblemente egoísta que estoy siendo, así que le digo que intentaré buscarle otra cosa con que cubrirle las heridas.

Hay un montón de niños que me transmiten indefensión, no sé si porque siguen en el agua o porque están fuera y se encuentran solos. Hay mucho miedo a que muera gente ahogada. La mayoría de la gente sale, pero otra tanta se queda en el agua, fuera de nuestra vista. Entre ellos mi padre, mi amiga Elena y Ross, de Friends.

Elena aparece al cabo de unos días, hecha un desastre y es reticente a contar cómo ha conseguido volver y qué le ha pasado. Yo me extraño de no estar preocupada por mi padre, que no ha aparecido aún, pero mi madre dice que sabe que está en la barca de un pescador. Yo pienso que será terrible aguantar el sol para él tantos días en el agua. Ross no aparece, aunque nos hace algo de gracia que haya desaparecido en el mar de Santander.

Se va acumulando una enorme montaña de cosas que no está permitido tocar y pienso que cuando aparezca todo el mundo repartirán lo que hemos perdido dentro de la masa de agua y personas.

Foto: Santander, by Suspe

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La loca durmiente

Junio 15, 2008

 
Mefisto visto por Al Betrayal

No quiero dar la nota en unos carnavales, así que decido disfrazarme. Y me pongo una máscara, con varios motivos pintados por mí, que es una mezcla entre la cara de Freddy Kruger y la de MC Mefisto Negruri.

Poniéndola y quitándomela continuamente, entro en un lugar bastante lujoso con mi prima y más gente de mi familia. Allí hay un montón de personas famosas e interesantes, pero no me acerco a hablar con ninguna de ellas, tratando de aparentar que no me interesan.

Al cabo de un tiempo lo pienso mejor y llego a la conclusión de que aunque haya perdido tantas oportunidades, ya que muchos de ellos se han ido, mejor intentar conseguir por lo menos una foto con alguno. Decido acercarme a Susan Sarandon, que está guapísima vestida de rojo, muy elegante y aparenta ser mucho más joven de lo que es.

Me doy cuenta de que a la vez que yo, mi tía Manoli se está acercando a ella también cámara en ristre. Así que para no molestarla demasiado, pero un poco fastidiadas, acordamos hacernos una misma foto con ella las dos a la vez.

No sé dónde están nuestras cámaras en ese instante, así que les pedimos a dos chicas adolescentes que nos hagan la foto con la suya. Susan Sarandon le dice algo a mi tía y luego me pregunta a mí que qué hago con esa máscara, aunque yo ya me la había quitado para quedar retratada con mi propia cara junto a ella. Le explico que es una manifestación artística. Las chicas, que no paran de reírse tontamente, nos hacen varias y se marchan diciéndonos que ya nos las enviarán.

Al cabo de unos segundos, me quedo mirando a mi tía y le digo que a dónde pensarán mandarnos las fotos, si no tienen nuestra dirección. Y en ese momento, siento mucha rabia e impotencia y me digo para mis adentros que siempre me pasa lo mismo.

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Voy andando con mi prima por Madrid. Mi prima de pronto es mi hermana y estoy teniendo con ella una de esas conversaciones frikis recordando diálogos de películas de las que nos gustan. Mi hermana pronuncia una frase de una de las pelis, lo que provoca que un chico que acaba de cruzarse con nosotras se pare en seco, se gire, nos mire y exclame, repitiendo la fase: “¡Eso lo decía yo en Now and then!”

Y nosotras nos lo quedamos mirando asombradas al ver que es Devon Sawa. Yo no me explico cómo no nos hemos fijado antes en que pasaba a nuestro lado. Sonriente y encantado, nos pregunta cómo puede ser que nos sepamos esa frase. Le explicamos que hemos visto unas tropecientas mil veces Amigas para siempre. Quiere saber cómo lo conocimos. Le digo que desde Casper, que su escena nos marcó totalmente. No entiende que lo ficháramos en un fragmento tan corto de película. Le comentamos que en esa época parece que se empeñaban en emparejarlo con Christina Ricci y le hace mucha gracia.

Le pregunto que qué hace en Madrid y me mira con gesto desconfiado como expresando que quiero saber demasiado. Pero contesta que está promocionando una peli y nos enseña su cartel, que está colgado a tamaño gigante en una carretera. Luego le intento hablar de las cosas positivas que tiene La noche de los tornados, aunque él nota que muchas las digo por decir y le explico también que una compañera mía de piano estaba obsesionada con él y que decía que era el protagonista de La princesa prometida y que se llamaba Cary Elwes. Y él gritaba ¿en castellano?: “¿¿ese puto italiano??”

Cada vez se nos une más y más gente, especialmente chicas, al darse cuenta de con quién estamos. Cuando somos ya un grupo numeroso, él pregunta que quién va a salir de fiesta después dirigiéndose a mí. Yo digo que depende… Y él decide irse, no sin antes hacerse una foto con todo el grupo. Yo le indico a quien nos la va a hacer cómo funciona mi cámara y corro a colocarme al lado de Devon, que me ha guardado un hueco.

Y después se va.

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Dream on

Junio 6, 2008
Estoy enfadadísima con mi hermana y mis amigas del pueblo porque les he dejado mi bolso para que me lo cuiden mientras me ocupo de otra cosa y han aprovechado para cogerme dinero de la cartera y pedir un montón de comida en un restaurante. Cuando llego donde están me doy cuenta de que ni siquiera me han guardado nada. Y es la segunda vez que ocurre. Después, comiendo con la familia en otro local, y debido a que tienen mucha prisa por marcharse, me quedo sin probar la exquisita variedad de postres que prometía la carta. Estoy decepcionada y a nadie parece importarle.
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Mientras caminaba delante de mí dándome la espalda y recordándome (quién sabe por qué) a El maestro de escuela de Magritte, me he pasado un buen rato tocándole el pelo a Ringo Starr para intentar atusárselo, porque lo tenía muy enredado y porque quería comprobar su tacto. Y tras una pequeña caminata en dirección al resto de Beatles, Ringo se ha colocado entre sus compañeros para que un amigo les hiciera cantidad de buenas fotos para mí.
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Tenía un bebé, una niña recién nacida, pero mucho más pequeñita de lo habitual. Mi hija llegaba de pronto a mi vida, aunque yo no había dado a luz. Ni siquiera tenía padre, era sólo mía. La niñita tenía que pasar todo el tiempo con una de sus dos orejas pegadas a mi corazón mientras yo la tenía en brazos, porque si dejaba de escuchar mis latidos, moriría. Así que no me despegaba de ella ni de día ni de noche. Yo la adoraba, pero sentía que mi vida como tal se había terminado. No podía hacer un montón de cosas porque vivía pegada a ella. Por suerte, alguien de mucha confianza me hizo descubrir que era la única persona capaz de sujetar a mi hija tal y como lo hacía yo sin que a ésta le ocurriera nada malo. Y fue un alivio compartir la responsabilidad.
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Tenía que acudir varios días seguidos a un lugar donde se solucionaban temas de papeleo y en la última de esas ocasiones, me ofrecía voluntariamente para ayudar a las personas que trabajaban en las ventanillas porque me parecía un trabajo de lo más estimulante tratar continuamente con la gente y solucionarles todo tipo de problemas burocráticos.
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Y a ninguna le interesa

Junio 3, 2008

Juan, el portero del edificio en el que está la redacción donde trabajo, se ha jubilado.
 
Cuando empecé a trabajar aquí, el que era mi compañero, me lo pintó como un facha vejete pero majo al que le seguía el juego por tener alguien con quien hablar en los descansos para fumar. Así que me acerqué a él con recelo, consciente también de la mala leche con la que le describían.
 
Y era cierto lo de su fuerte carácter, nos reñía por dejar los baños sin cerrar o nos hacía bajar por el ascensor si estaba fregando las escaleras. Pero enseguida me di cuenta de que su único objetivo era cuidar del edificio y de la gente que trabajamos en él. Que ningún extraño se colara con aviesas intenciones, que siempre encontráramos el portal reluciente, que no faltara papel higiénico, que cuando a alguien se le olvidaran las llaves, él tuviera una copia y así echarles un cable… Su simple presencia me causaba una agradable sensación de seguridad.
 
Pero para mí, lo más importante era su conversación. La única persona con la que intercambiar palabras en muchas mañanas solitarias, con sus bromas sobre las juergas de orujo que me traigo (con mis botellas de agua, claro) al traernos el correo, alguien que siempre me saludaba con una sonrisa y una palabra amable, al entrar y al salir, que no tenía reparos en compartir retazos de su vida conmigo, una vida repleta de trabajo y, contrariamente a lo anunciado, marcada por la lucha obrera.
 
Aunque, sin duda, lo que más echaré de menos será su costumbre de silbar melodías por los pasillos mientras limpiaba. Las notas de Candilejas o El beso, a lo lejos, en un piso en el que sólo se oye abrir y cerrar la puerta del ascensor, siempre me transmitían buenas vibraciones.
 
Llevo 10 meses viéndolo a diario y me ha dado mucha pena despedirme de él. En el cuarto de contadores, mientras enseñaba sus trucos al nuevo, he bajado a desearle que disfrute de su retiro, que lo merece y con una visible emoción en sus ojos, casi como de abuelo postizo, me ha dicho: “gracias por todo”.
 
Entonces no, pero ahora me pregunto por qué.
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The wicked language of musicals

Abril 23, 2008

Algunas características comunes a la mayoría de los musicales de Hollywood:

• Los bailarines reúnen una serie de objetos domésticos y bailan con ellos. El baile con objetos nos hace abandonar nuestra incredulidad y nos empuja a pensar que los objetos han sido colocados ahí para el baile. Semejantes “apaños” (bricolage, como lo denomina Lévi-Strauss) dotan de espontaneidad a los números, aunque en realidad sean éstos el resultado de gran habilidad técnica.

• En la mayoría de musicales se prescinde de la línea clásica del ballet y se introduce un estilo de baile más espontáneo y natural. Ese estilo de baile da la sensación de que no existe coreografía.

• El musical popular rezuma nostalgia por el mítico pasado de los colonos en América. Se utilizan, repetidas veces, dos modelos de canciones para hacernos caer en la nostalgia. El cantar a coro, una forma habitual de la vida diaria (canto de alabanzas, canciones de acampada, siguiendo el ritmo…) vincula la diversión a la comunidad. Por otro, las canciones que pasan de boca a boca son un procedimiento cinematográfico, ya que normalmente no vemos a la gente coreando canciones por la calle.

• Hay dos tipos de números musicales: los de proscenio y los narrativos. En los musicales “de entre bastidores”, es decir, que hablan del mundo del espectáculo por detrás de las bambalinas, mediante tomas de transición vemos que el espectador de la película puede ser incorporado al público de ficción. Mediante la dolly, barridos de cámara y planos por detrás el efecto que se logra es recordarle al espectador que son vistos desde el punto de vista del público del teatro, mientras que a la vez se adentra para presentar la actuación directamente al espectador. En los interludios narrativos se nos anima a compartir el punto de vista de los actores y durante los musicales a convertirnos en parte del público que aparece en la película.

• A primera vista el musical de Hollywood parece constituir una excepción de lo que entendemos por film “clásico”, el cual trata siempre de encubrir su propio proceso de elaboración. El musical, por el contrario, parece estar rompiendo constantemente su brillante envoltorio, de manera similar a cómo lo haría, se supone, un film moderno. Por tanto, aparentemente, este modelo de relato “clásico” no es válido para explicar un formato como el musical. El proscenio crea una distancia para que podamos observar de qué manera se salva esa distancia. El público que aparece en la película se sitúa entre nosotros y la actuación para permitirnos una identificación mayor con la experiencia del teatro en vivo. El discurso directo atraviesa el ámbito del relato para afirmar la tradición del espectáculo cuya historia nos cuenta el film. Y la tecnología se muestra en el interior de las películas para asegurarnos una última mitificación del propio musical de Hollywood.

• Los musicales se construyen partiendo de un doble registro sobre el que se contraponen el relato y los números que definen a la comedia musical como una forma única. La dicotomía que se establece a la hora de contar el relato (ahora narrado, luego cantado) es un modo de presentación distinto al del hilo único más corriente en el cine de Hollywood. La narración en tercera persona se puede considerar un primer nivel, del cual surge otro secundario, presentado en forma de discurso directo y confeccionado con canciones y bailes. La interrupción de la primera persona altera el equilibrio del fluir unitario.

(Trabajo Pigmalión y My fair lady, LGP)

Foto: La grandísima Margaret Hamilton interpretando a The Wicked Witch of the West en El mago de Oz (Victor Fleming, 1939). La bruja que más miedo da. La que más pesadillas me ha provocado. Fascinante

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Mi mamá me mima

Abril 15, 2008

¿Cómo se le dedican unas líneas a la persona que te ha regalado la existencia? ¿Cómo se atreve alguien a intentar expresar en un medio tan limitado lo que siente por la persona más importante de su vida?

¿Explicando que desde que era niña se ha dedicado íntegramente al servicio a los demás? ¿Que tuvo que disfrutar de una infancia más corta de lo deseable porque así la obligaron sus circunstancias? ¿Que las carencias de su niñez le hicieron apreciarlo todo con más ganas y entusiasmo que la mayoría de la gente? ¿Que las duras pruebas que le ha puesto la vida la han convertido en la resistente mujer que es hoy?

¿Hablando de sus muchas cualidades? ¿De que no sólo sabe cocinar de maravilla, sino que se ocupa de que la alimentación de todos en casa sea equilibrada, de que a menudo encontremos platos al gusto de cada cual, de poner creatividad en la cocina y de lograr aún así no salirse del presupuesto?

¿De su maña para los trabajos manuales? ¿De que no sólo sabe arreglar dobladillos y cremalleras, sino que echándole imaginación puede diseñar disfraces? ¿De que la costura es para ella como un arte?

¿De que es difícil que no conozca un remedio casero para ese dolor/mancha/rotura? ¿De que sabe de tareas tradicionalmente masculinas como albañilería, carpintería o fontanería? ¿Y que encima se le dan bien?

¿De que nos cuida a todos como sólo una madre saber hacerlo, con esa eficacia y cariño que hace que te recuperes antes? ¿De que cuando se pone enferma no sólo no disminuye su ritmo diario sino que además se ocupa ella sola de ponerse bien?

¿De que se interesa por todo lo de sus hijas, empatizando hasta tal punto que puede convertirse en fan de un grupo que nos guste, quedarse despierta para grabar una película que nos interese o querer ver todas las fotos de nuestros viajes?

¿De que a pesar de haber sido literalmente apartada de los estudios su afán por aprender nunca ha cesado? ¿De que considera que siempre es un buen momento para conocer algo nuevo? ¿De que su cultura es muy superior a la que derivaría naturalmente de la educación que ha recibido?

¿De que trabaja por y para nosotras? ¿De que nunca se queja de sus maratonianas jornadas? ¿De que es capaz de trabajar en tres cosas diferentes por la mañana, llegar a casa, hacer la comida de todos, fregar y volverse a ir corriendo para hacer otra cosa por la tarde, descansar dos horas y seguir por la noche? ¿De que esto es estrictamente cierto?

¿De que nunca es buena ocasión para comprarse algo pero siempre buena para regalárnoslo a nosotras? ¿De que se preocupa tanto por sus hijas que tiene que recibir las malas contestaciones que en ningún caso deberían ir dirigidas a ella? ¿De que por su esfuerzo mi hermana y yo conocemos la vida universitaria fuera de nuestra ciudad? ¿De que nos ha otorgado toda la libertad del mundo?

Y en cualquier caso… ¿por qué hacerlo público para gente que ni siquiera la conoce? Entre otros motivos, porque mi madre es fan de mi blog…

Gracias

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You may say I’m a dreamer

Enero 7, 2008
Intentaba conseguir atención mediante un mar repleto de ballenas pequeñas y un dibujo de Miguel el Torero.
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Las gemelas de Los Palacios abandonaban Gran Hermano tras confesar entre lágrimas su condición hermafrodita.
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Mis padres decidían comprar una nueva casa y a mí me parecía un horror cuando iba a visitarla y me estresaba tener que mudarme. No me gustaban las vistas, la cocina era marrón y además estaba sucia, el salón era feo…
Cuando entraba en mi habitación, que me parecía rectangularmente pequeña, me conformaba porque me daba cuenta de que a la derecha, no visible a primera vista, había una biblioteca muy grande, repleta de baldas. Mi madre me decía que no me quejara, que ahí tenía sitio para guardar todos mis libros, vídeos y deuvedeses y para hacer gimnasia en el suelo entre estantería y estantería…
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¡Conocí a Katie Holmes! La alcanzaba mientras llevaba la compra a su coche en un aparcamiento subterráneo y le contaba lo mucho que significó para mí su interpretación de Joey en Dawson’s creek. Después intentaba recordarle las pelis en las que la había visto actúar y me habían gustado pero estaba bloqueada por los nervios y sólo acerté a decirle Wonder boys, así en inglés, como todo lo que le contaba, aunque esa sea una peli que no me gustó nada (al igual que casi todas las que ha hecho).
A pesar de mis intentos desesperados por pronunciar bien para que me entendiera, parecía que la estaba cayendo simpática, me sonreía mucho. Y llevaba el pelo largo, como cuando la conocí. Ni rastro del look Victoria Adams wannabe que luce ahora.
Cuando llegaba Tom Cruise con sus tres hijos (porque Suri era la mayor pero había dos más), yo ni le saludaba. Él notaba mi antipatía y tampoco me decía nada. Además le había confesado a su mujer que con quien me gustaría haberla visto casada era con James Van Der Beek. A partir de este momento, sólo recuerdo los gestos de profunda infelicidad y hartazgo de Katie cada vez que hablaba Cruise o sus hijos hacían alguna tontería, reflejados en su espejo retrovisor.
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A mi jefe le da la venada de ordenar toda la oficina y me pide a mí que le ayude. Me pongo a ello, preguntándole continuamente dónde pongo cada papel. Llega el momento en el que se va mi compañero, me escribe una nota de despedida, nos decimos adiós. Y viene mi hermana. Y mientras mi jefe está venga a explicarme cómo tengo que hacer lo que tengo que hacer, mi hermana no para de hablar. Y yo: “Bea, por favor, espera, que estoy trabajando”. Y mi jefe empieza a explicarme de nuevo y mi hermana le interrumpe. Así varias veces hasta que ya, casi histérica, la pido que no de una mala imagen de la familia. Mi jefe me mira como con pena y se va. Y lo único que mi hermana quiere decirme es que un amigo me está esperando fuera. Y yo no la escuchaba porque estaba preocupada por el trabajo. Pero finalmente me voy con mi hermana y más amigos que han ido a buscarme. Y es un alivio.
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Vuelvo al colegio y me encuentro a quien no quiero encontrarme y además voy con pantalones cortos y las piernas llenas de pelos  
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Me encargan cuidar de un montón de peces que están en dos neveras grandes  y que tienen poquísimo agua, al menos insuficiente para que sobrevivan. Y yo no puedo ocuparme de ellos continuamente, tengo algo importante que hacer. Así que voy y vengo y cada vez que me acerco a ellos encuentro más peces muertos. Además, algunos de los muertos más grandes y que se encuentran en la parte inferior tienen caras humanas, aunque parecen dormidos plácidamente. No para de escaparse el agua de las neveras y yo soy consciente de que estoy dejándoles morir pero no se me ocurre qué hacer, como si no existiera ninguna solución. Gemma de Parchís está por allí vestida de verde y de niña, aunque no sé cuál es su papel en toda la historia.
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Estoy enfadadísima con mi hermana y mis amigas del pueblo porque les he dejado mi bolso para que me lo cuiden mientras hago no sé qué y han aprovechado para cogerme dinero de la cartera y pedir un montón de comida en un restaurante. Cuando llego donde están me doy cuenta de que ni siquiera me han guardado nada. Y es la segunda vez que ocurre. Después, comiendo con la familia en otro local, y debido a que tienen mucha prisa por marcharse, me quedo sin probar la exquisita variedad de postres que prometía la carta. Estoy decepcionada porque a nadie parece importarle.
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Mientras caminaba delante de mí dándome la espalda y recordándome (quién sabe por qué) a “El maestro de escuela” de Magritte, me he pasado un buen rato tocándole el pelo a Ringo Star para intentar atusárselo, porque lo tenía muy enredado y porque quería comprobar su tacto. Y tras una pequeña caminata en dirección al resto de Beatles, Ringo se ha colocado entre sus compañeros para que un amigo les hiciera cantidad de buenas fotos para mí.
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Tenía un bebé, una niña recién nacida, pero mucho más pequeñita de lo habitual. Mi hija llegaba de pronto a mi vida, aunque yo no había dado a luz. Ni siquiera tenía padre, era sólo mía. La niñita tenía que pasar todo el tiempo con una de sus dos orejas pegadas a mi corazón mientras yo la tenía en brazos, porque si dejaba de escuchar mis latidos, moriría. Así que no me despegaba de ella ni de día ni de noche. Yo la adoraba, pero sentía que mi vida como tal se había terminado. No podía hacer un montón de cosas porque vivía pegada a ella. Por suerte, alguien de mucha confianza me hizo descubrir que era la única persona capaz de sujetar a mi hija tal y como lo hacía yo sin que a ésta le ocurriera nada malo. Y fue un alivio compartir la responsabilidad.
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La Navidad, 2ª Parte

Diciembre 30, 2007

Recojo el texto de un amigo que ha expresado con claridad y por escrito algunas de sus reflexiones acerca de la Navidad. Porque no todo son caretas teatrales de felicidad.

“Ooooooootra vez la navidad, otra vez la locura y el desenfreno consumista, un año mas y ya van 32 escuchando las mismas putas frases hechas de la masa borreguil. Acaba uno hasta los cojones de escuchar durante una mañana entera: “¿No te ha tocado la lotería?” “Que pases una buena noche si no te veo” “Igualmente” (bla bla bla) “Feliz noche” “Que lo pases bien” “Cuidado con la bebida a la noche” “Que tengas una feliz salida y entrada de año” (¿Qué coño es esto? Me gustaría saber a dónde entramos y de dónde salimos para decir semejante gilipollez… ¿es que acaso no nos acostamos en la cama y nos despertamos en la misma cama haciendo las mismas jodidas cosas?)

No hablemos de quedarse hasta las 9 de la noche mamando en los bares porque sí, para seguir mamando en casa después y para seguir mamando por la noche. No hablemos de ir por la calle con el gorrito de Papa Noel, sobre todo gente talludita que debería pensar en que la edad de hacer el ganso por la calle pasó. Del no saber hacer otra cosa que gastar la manteca en trajes para Nochevieja… (¿No tienes ropa en casa?)

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Comer sin sentido, comprar los juguetes o cualquier otro tipo de artículo porque te lo dice la tele. Más frases… ¿vas a ir de cotillón? ¿Que tal te dejó el año? ¿Qué le has pedido a los reyes? ¿Has sido bueno? ¿Qué le has comprado a tu chica/co? Ufffff de verdad, es algo que nunca llegaré a entender. Lo cojonudo es que yo caigo muchas veces en este error, pero bueno.

Ah, se me olvidaba la “maravillosa” programación de televisión de la que disponemos… PARA PEGARSE UN TIRO. Mira quien baila, Gran Hermano, Los Morancos, Cruz y Raya, Ramón García y otros haciendo el mono el día de las campanadas y toda esa clase de polladas que hacen que nos traguemos, aunque en realidad aquí viene la gran pregunta… ¿ALGUIEN LO VE? Poneros en situación, un mínimo de 8 - 10 personas por casa en las que en muchas de ellas no faltaran críos… Unos a otros contándose las aventuras porque hace no se cuánto que no se ven, los críos pegando voces, los padres de los críos pegando voces a los mismos para que no peguen las ídem, etc. Os dais cuenta, ¿verdad?

Y todo esto a lo que llamamos navidades no es mas que una maniobra para justificar un gasto inmenso y en muchas ocasiones innecesario para enriquecer a unos pocos. Y estoy por apostar que más de un 80 % de la población no saben qué coño son las navidades y qué puñetas se celebra y por qué…

Tengo la desgracia de caer en ciertos momentos en este entramado.

En fin, que no voy a volver loco al poco personal que haya tenido la paciencia de leer esto, ya que es una segunda parte de lo escrito hace exactamente un año…

Que seáis felices…”

Jorge, 2007

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“Genialidades”

Diciembre 30, 2007

«Me pareció fascinante cómo, cuando estábamos hablando de cosas terrenales, tú, con la mirada perdida, exclamaste: “¡Tengo que hacer un experimento!” Porque así son los genios: su cabeza no está hecha para los temas cotidianos. Es por eso que te digo que no eres capaz de hablar de temas normales. Tú siempre en tu mundo…

Puede que fuera horrible para Gala (al menos al principio). O quizá su vocación era ser la pareja de un genio. Soportar sus locuras, sus injusticias, incluso sus vejaciones. Todo en pro del arte y la creación. Los genios son infieles, desastres para la cotidianeidad, egoístas, desordenados, incapaces de hacer una simple compra. Su mente está reservada para objetivos más elevados.

Así que se me ocurrió que quizá mi aportación al arte sea ser tu compañera, para ocuparme de todo eso. No estás hecho para la vida mundana, lo sabes, ni para tu tiempo ni para la realidad que vivimos. Igual es que tengo que ser como Ona y tener una hija como Geraldine…

Las mujeres de estos personajes han tenido que ser pacientes, soportar mucho y quererlos a pesar de todo. Para que se pudieran desarrollar. Inteligentes pero no creativas, dedicadas a fomentar el arte de ellos y recopilar su obra, guardarlo todo. Y es gracias a ellas que mucho se conserva.»

Odious and unpleasant child Arsecrack

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 Foto: Fragmento de Autorretrato, circa 1921, Salvador Dalí

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Simbiosis

Diciembre 21, 2007

Ayer descubrí el lado amable de las ruedas de prensa. Estoy acostumbrada a que éstas sean actos aburridos, previsibles, sin emoción, donde la información se conoce de antemano y que sobre todo en mi ciudad, nunca o casi nunca favorezcan el acercamiento a personajes interesantes.

Pero es que ayer viví en mis propias carnes las ventajas del poder de los medios de comunicación. Al mediodía se presentaba la nueva programación del Palacio de Festivales para 2008. Y allí me presenté, yo que apenas conozco a nadie del mundillo, dispuesta a obtener una información muy valiosa para estos días de sequía informativa.

La rueda transcurre como tantas otras, con el punto a favor de la brevedad. En cuanto termina, y viendo que los periodistas nos estábamos ya colocando el abrigo para “huir” (era hora de comer), el director del Palacio se me acerca y me pide -casi me ruega, me vería las ganas de irme-, mientras mira también al resto: “no os vayáis corriendo, por favor, quedaos a tomar algo”.

Y para asegurarse de que nos quedábamos, no sólo nos hizo esa invitación, sino que además el Consejero de Cultura nos fue pasando una bandeja con canapés, la encargada de prensa del Palacio nos entregó bolsas con regalos (botellas de vino, marcadores de libros, bufanda, guantes y gorro de lana), nos ofrecieron barra libre de varias bebidas, etc. al tiempo que el director iba dejando caer como quien no quiere la cosa: “aperitivos de calidad, COMO NUESTRA PROGRAMACIÓN”.

¿Tantas atenciones para favorecer la imagen de la insititución ante los medios? Supongo que resultará rentable, por algo lo hacen, claro. Yo me quedo con esa sensación extraña, casi grotesca, de encontrarme en medio de aquel lujo, cargada de regalos, sin conocidos a la vista, pero hablando con quien tenía más cerca, mientras el tío del que depende la Cultura, el Turismo y el Deporte de Cantabria me servía un aperitivo. Ya podían ser así todas las ruedas de prensa.

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La venganza de la Petra

Noviembre 29, 2007

Si escribiera tan bien como Reverte, lo podría haber firmado yo. Pero hasta que lo consiga, me conformo con reírme a carcajada limpia con sus acertadísimas palabras.

 El mundo se hunde y nosotros nos enamoramos. Ni los pantalones vaqueros respetan ya estos hijos de la gran puta. Antes era el color lavado o sin lavar, y ahora, el ancho de pata. Tendrían que ver ustedes la cara, mitad conmiseración profesional y mitad coña marinera, con la que me mira el vendedor. «Pues va a ser que no, señor Reverte –dice–. Esta temporada, todos vienen con dos centímetros más, por lo menos.» No puede ser, balbuceo con cara de panoli. Llevo el mismo ancho de pata, o de pernera, o como se diga, desde que el cabo Finisterre era soldado raso. Y busco los de siempre: normales, de faena. De toda la vida. «Pues es lo que hay –responde mi interlocutor–. La moda es la moda.» Y cuando, hecho polvo, dejo los pantalones y me dispongo a tomar el portante, añade: «Es que es usted un antiguo, señor Reverte».

Total, que salgo a la calle blasfemando de los vaqueros, de la moda y de quienes la inventaron, mirando para arriba a ver si cae fuego del cielo y nos vamos todos a tomar por saco con las patas anchas de los cojones; pero lo que cae es una manta de agua y todos van con paraguas, y cuando miro para abajo sólo veo tejanos de patas anchas, arrastrados, pisándose el dobladillo o el deshilachado, que ésa es otra. Y como el suelo está mojado, sus propietarios van empapados hasta las rodillas, felices de ir chapoteando, chof, chof, con sus pantalones a la moda de la madre que me parió. Sobre todo las propietarias, porque las perneras acampanadas les encantan sobre todo a ellas, cinturas bajas y pata de elefante, favorecidas y elegantes que echas la pota, amén del companaje para completar figurín. Que parece mentira que haya mujeres capaces de ponerse prendas que les caen como una patada en la bisectriz, sólo porque el modisto de moda necesita trincar cada temporada y Victoria Beckham –esa especie de Ana Obregón vestida de Sissi Emperatriz por el estilista de Barbie, o viceversa– sale en el ¡Hola!

Pero así funciona el asunto, creo. A Roberto Pastaflori, a Danti y Tomanti, a Rodolfo Langostino o a cualquier otro modisto puntero, o diseñador, o como carajo se llame ahora el antaño honorable gremio de la sastrería, se le ocurre una imbecilidad para epatar en la pasarela de Milán, verbigracia, que los hombres lleven la bragueta abierta con calzoncillo de camuflaje multicolor, que las mujeres usen ropa de minero asturiano y se calcen un pie con zapato de tacón aguja y el otro con sandalias apaches, o lo que sea, y no les quepa duda de que, durante los meses siguientes al desfile correspondiente –páginas de Cultura de los periódicos, ojo–, todo cristo, ellos y ellas, irán, o iremos, por esas calles con la bragueta abierta dos palmos lanzando pantallazos fosforito, los pavos, y las pavas con casco del pozo María Luisa y cojeando a la moda divina de la muerte, tacón, sandalia, tacón, sandalia, encantados de habernos conocido. Y si sólo fuera indumento, todavía. Los arcanos de tales dictaduras, alegremente aceptadas, son muchos e insondables. Pero ahí están, y vienen de antiguo. Todo empezó a fastidiarse, sospecho, el día en que la primera marquesa gilipollas –francesa, supongo, la Pompadour o una de esas zorras– hizo sentarse a su mesa, dándoles conversación, a su modisto, a su peluquero y a su cocinero.

También albergo otra sospecha tenebrosa, que tiene que ver –usando una perífrasis delicada que no alborote mucho el gallinero– con las distintas aficiones y posturas de cada cual respecto al acto venéreo. Dicho de otro modo: lo que abunda entre los modistos no es el estilo camionero tipo Rusell Crowe, sino más bien el Chica Tú Vales Mucho. Pensaba en eso el otro día, hojeando un reportaje sobre quienes dictan la moda de nuestro tiempo. Las fotos eran reveladoras: Jean Paul Gaultier con botas de piloto intrépido acordonadas hasta las rodillas, jersey malva y pantalón de reflejos violetas, John Galiano con melena rubia y rizada hasta la cintura, sombrero de gánster, fular blanco y camiseta negra de pico, Valentino peliteñido, clásico y sobrio como la vida misma, Karl Lagerfeld –aparte esa pinta simpática que tiene, el jodío– con botas de montar, cuello duro, una sortija en cada dedo, una calavera en la corbata y una cadena de bicicleta a manera de cinturón. También venían un par de fulanos más cuyos nombres no retuve, uno con gomina amarilla y las rótulas depiladas asomándole por agujeros de los vaqueros, y otro vestido de Isadora Duncan que iba montado en patinete. Para mí, deduje tras mucho mirarlos, lo que son estos fulanos son unos cachondos. En el fondo –y en la forma– odian a las tías. Y se están vengando.

(Arturo Pérez-Reverte, abril 2007)

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Foto: dibujo de Sarah Kay

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Adiós, Fernando

Noviembre 23, 2007

Me decía David ayer en referencia a la muerte de Fernando Fernán-Gómez: “triste día para los amantes de las mentes preclaras”. No hay mejor manera de decirlo, y es que a David se le dan de maravilla las palabras. Como se le daban a este grande que, después de muchos años de derrochar capacidades artísticas, se ha marchado a descansar.

Cuando yo era pequeña, me parecía un actor un poco pesado, con mal genio y que gritaba mucho. Cuando desarrollé la capacidad de discernir, mi visión cambió radicalmente. Aún así, no comencé a apreciar en toda su dimensión el inmenso talento de este perpetuo personaje, hasta que lo descubrí como director: El viaje a ninguna parte, La vida alrededor y sobre todo El extraño viaje me hicieron valorarlo mucho más. Unido a todo ello, su facilidad de escritura y de palabra lo consagraron ante mis ojos como un pequeño dios viviente en España.

Me parece muy triste que haya quien se empeñe en recordarlo como ese viejo “con mala educación”. Porque quienes realmente lo conocían coinciden en que se trataba de otro papel interpretado por él con la misma credibilidad que los demás de su trayectoria.

Llevo buscando La silla de Fernando (David Trueba, 2006) hace mucho tiempo sin demasiado éxito. Qué pena que cuando la vea, él ya no estará entre nosotros. En cualquier caso, me servirá para descubrirlo mejor. Por ahora y desde aquí, mi más sincera admiración.

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Liesl y Rolf

Noviembre 14, 2007

Liesl estaba enamoradísima de Rolf, un rubio alemán que trabajaba como cartero para su familia. Y siempre que tenía ocasión, Liesl salía de su casa con cualquier excusa para encontrarse con él y sentir mariposas en el estómago.

Un día, Liesl y Rolf encontraron uno de esos momentos secretos para estar juntos y mientras bailaban por el precioso jardín de los padres de ella, Rolf avisaba a Liesl de que le tocaría esperar en un escenario vacío hasta que se encendiera la luz y comparaba su vida con una página vacía en la que los hombres querrían escribir. Liesl replicaba embobada: “escribir…”.

Rolf le dijo que ella tenía dieciséis años y estaba a punto de cumplir los diecisiete, que era el momento de pensar y tener cuidado porque estaba al borde del precipicio. Que teniendo dieciséis para diecisiete, los hombres caerían a sus pies y harían cola para estar con ella: caballeros y pícaros la ofrecerían comida y vino.

Que ella no estaba preparada para afrontar un mundo de hombres, porque era tímida y estaba asustada de lo que se escapaba a su conocimiento. Que necesitaría alguien mayor y más listo que la dijera qué hacer. Él, con sus diecisiete para dieciocho, cuidaría de ella.

Liesl le contestó, repitiendo casi como una letanía las palabras de Rolf. Le dijo que ella tenía dieciséis y cumpliría diecisiete, que sabía que era infantil. Que si los hombres la decían que era dulce, les creería. Que con dieciséis para diecisiete, era inocente como una rosa y que no sabía nada de solteros o bebedores de coñac.

Que no estaba preparada en absoluto para afrontar un mundo de hombres. Y confirmaba que era tímida y estaba asustada de lo que no conocía. Que necesitaba alguien mayor y más listo que la dijera qué hacer. Que Rolf tenía diecisiete para dieciocho y ella dependería de él.

Esa noche se besaron por primera vez.

__________________

Y meses más tarde, Rolf no quería saber nada más de Liesl porque la familia de ella era austriaca por convicción y él era nazi y sólo pensaba en trabajar para su régimen.

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Foto: Charmian Carr como Liesl en The sound of music (Robert Wise, 1965)

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Madrid, qué hermosa eres (si te muestran las Rodríguez)

Noviembre 14, 2007

Este fin de semana tenía una importancia especial. Porque aunque alguno y/o alguna no lo viera así, se trataba de consolidar algo. De ver si esos bucólicos veraneos compartidos durante nuestra infancia gracias a unas raíces comunes, si esos juegos y locuras que en algún tiempo lo fueron todo, si una amistad nacida de las vacaciones elegidas por la generación que nos precede, esa que compartió su niñez también, si todo aquello podría consolidarse fuera de allí, en un lugar más urbano, más “real” por cercano a nuestras vidas diarias.

Y creo que estamos de acuerdo en que por fin, ese paso se ha dado.

Seguramente ha ayudado mucho la acogida que nuestras madrileñas nos han brindado, preparándonos una estancia de lujo en una suite repleta de golosinas, pamelas y detalles, el chalet laberíntico e interminable decorado con preciosos cuadros en el que nos hemos quedado, visitas casi exhaustivas por bonitos rincones de Madrid, un montón de viajes divertidos en metro, bus y tren, unas mascotas de lo más cariñoso (y ambiguo), desayunos, comidas y cenas enormes, cantidades industriales de fotos en todo tipo de poses y ubicaciones, una abuelita entrañable y unos padres increíblemente atentos.

Pero sobre todo,
una Ruti a la que se le ocurrió una idea genial y la llevó a cabo con su vitalismo de siempre,
una Leti preciosa que es, más que nunca, el complemento perfecto de su hermana y una anfitriona inmejorable,
una Beúx serena y generosa que haga lo que haga siempre contribuye a crear buen ambiente,
un Sergio que, a pesar de todo, pasó el día con nosotras y nos deslizó por El Retiro,
una Diana con la que compartir confidencias existenciales en los largos viajes en autobús,
y un Rodri-chófer de excepción.

Gracias, Ruti.

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Foto: Diana, Leti, Beúx, Giuco, yo y Ruti poniendo a prueba el automático.

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Un libro insólito

Noviembre 2, 2007

Cómo surgió la idea de escribir «Hugo, el niño en sus mejores años»

      Desde principios de los años 70 se publican año tras año los excepcionales libros infantiles de Christine Nöstlinger. La autora se ha convertido en imprescindible dentro de la literatura infantil alemana e internacional. Una literatura que ya no podemos imaginar sin ella. Sus libros son leídos por adultos y niños, constituyendo éstos ya la segunda generación, pues el tan traído y llevado «quinceañero» tendría ahora más de veinte años. ¿Seguirá leyendo los libros de Christine Nöstlinger? Probablemente. ¿Por qué no? La obra de esta autora vienesa demuestra sin lugar a dudas que la literatura infantil no tiene edad cuando es apropiada.
     
La «falta de edad» es uno de los temas de la novela. Hugo, el niño en sus mejores años, no crece, no puede hacerlo. Pero él ha asumido ya la idea y ha optado por ser niño. Una decisión que tiene malas consecuencias en  la sociedad de los adultos; los niños no son tomados en serio, y todo lo que un «niño» semejante sueña y desea es objeto de sonrisas condescendientes y tratado como utopía irrealizable. Lo que importa es que los niños obedezcan. Por eso en la novela dice Hugo con resignación: «Hasta un niño en sus mejores años tiene que atenerse a ciertas reglas de convivencia con sus padres.»
     
Los libros infantiles que toman abiertamente partido por los niños (u otras minorías) son raros. Las obras importantes de la literatura infantil han sido escritas, en general, con un enfoque crítico de la sociedad. Interceden en favor de los débiles, combaten las situaciones opresivas con fantasía social. El mensaje de estos libros es: Desconfiad de los adultos y de sus obras, confiad en los niños antes de hacerse mayores.
     
El «Hugo» de Christine Nöstlinger pertenece también a esta clase de libros. Es una novela extraordinaria en todos los sentidos. La literatura infantil alemana no ofrece apenas algo comparable. Su realización nos presenta una encantadora historia de fondo: la novela se basa en las ilustraciones fantásticas -ocho gigantescas láminas- del dibujante vienés Jörg Wollmann. Estas ocho láminas se encuentran añadidas, en un formato muy reducido, a la novela como ilustración. Pero precisamente esta circunstancia -que sería la normal- no es exacta: primero existieron los dibujos y luego fue escrita la novela.
     
Su realización es tan apasionante que no puede dejar de ser contada.
     
Como creador y dibujante de las ilustraciones, Jörg Wollman se quedó al principio sorprendido al ver en lo que se convertían sus dibujos. ¿Qué sucede cuando los dibujos propios se independizan y cobran vida en la fantasía de otro?
     
Jörg Wollman escribe sobre ello en una carta: «Todas las primaveras se celebra una feria del libro infantil en Bolonia y yo tenía ganas de viajar allí. Quería ver los libros nuevos, hablar con la gente, mostrar mis trabajos y quizá vender algo. En fin, esas ilusiones que uno se hace. Pero claro, las cosas no son tan sencillas. Para ser francos, yo no aconsejaría a nadie tratar de mostrar y vender algo en esa ciudad. La gente le trata a uno como al representante de un crecepelo de probada ineficacia cuando te ve andando por ahí con una carpeta debajo del brazo. A propósito de carpeta, había reunido en ella toda clase de trabajos de mi estudio: xilografías (todavía de la academia), dibujos a pluma y un calendario; solo faltaban dibujos a lápiz. Así que empecé un dibujo a lápiz sobre una hoja grande (78×62 cm, el formato de mi carpeta de viaje).
      »Para una feria del libro infantil tenía que representar a un niño en una posición destacada. Así que coloqué a la niña gorda encima del tejado. Y especialmente para ella escribí con letras de humo en el cielo: ONCE UPON A TIME… en clara referencia a los editores de libros de cuentos que se dan cita en Bolonia saliendo de la chimenea de una fábrica, para mostrar que allí se produce a gran escala.

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      »Los personajes surgieron después como actores que van al ensayo sin conocer la obra que van a interpretar. Quería que fuese un conjunto de seres variopintos. Grandes y pequeños, personas y animales. La guardia tradicional de la coliflor que se dispone a disparar festivamente contra una llave está inventada, y la mujer pequeña y pobre que vive en la bolsa de papel, también. Pero el conejo, por ejemplo, es un conocido del Mülhlviertel alto austríaco, que trata de darse aire de intelectual con su barba. Mientras no abre la boca todo va bien…
      »A la gente de la feria le gustó lo que estaba haciendo, pero no se produjeron contactos más estrechos. Ni rastro de los encargos que había esperado. Lentamente y de manera más casual surgieron otras dos láminas, el parque y el anticuario. Después, seguro que fueron varios meses,  enseñé (tras un acercamiento telefónico) mis dibujos a Christine Nöstlinger. Le pregunté si quería escribir una historia para mis dibujos…»
     
Jörg Wollmann ha contado «su» historia con dibujos. Esta historia no aparece escrita, hay que buscarla en las ilustraciones. Cada cual a su manera.
     
Christine Nöstlinger se embarcó en la «aventura»; los dibujos le gustaban. Pero necesitó cierto tiempo para descubrir una trama: la suya. Abandonó la idea primitiva de escribir el texto para un libro ilustrado, y así surgió la fantástica novela de más de 200 páginas, tal como se nos presenta ahora.
     
      
Interrogada por el tema, la acción y los problemas de su libro, Christine Nöstlinger dijo lo siguiente:
     
«Estuve conviviendo durante algún tiempo con los dibujos y escogí sólo los detalles que me fascinaban de manera especial y que son todos absolutamente demenciales… Hay, por ejemplo, una niña parecida a la Alicia del País de las Maravillas que sujeta en la mano una cuerda con un globo y encima del globo  hay una típica casa unifamiliar americana, y justo al lado un personaje con un gran bigote que va en bicicleta por el aire, y debajo pasean 20 perros con gabardina; para cada uno se me ocurrió algo… Naturalmente, existe una intención detrás de todo aquello. En primer lugar, me gusta mucho escribir historias fantásticas, y creo que la fantasía no debe presentarse de manera nebulosa y sin compromiso social y político. Creo que habría que dar a la fantasía un poco más compromiso del que se da actualmente a los libros infantiles fantásticos.»
      Escribir esta novela me ha divertido mucho. Fue un verdadero placer. Para mí resultó muy excitante porque me encanta escribir sin saber lo que viene a continuación. Claro que en estos casos tengo que tomarme mucho más tiempo que con otros libros. Estoy convencida de que los niños no siguen leyendo si no se divierten con la lectura. A mí, por ejemplo, me gustaba mucho que los padres fuesen dos señores -los he llamado Aguafiestas 1 y Aguafiestas 2-; me parecían muy divertidos. En fin, son las cosas que surgen cuando se introduce uno en la fantasía de otra persona…»
     
El lector descubre en la novela una enorme cantidad de personajes que intervienen alternativamente en la acción. La importancia y el peso que les ha dado la autora no se puede deducir de los dibujos; sin embargo, ningún personaje ha sido inventado libremente; cada uno se encuentra en los dibujos. Buscarlos y seguirles la pista, descubrir en las ilustraciones hechos y lugares de la novela, es sin duda otro aspecto delicioso del libro.

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Gorka

Octubre 30, 2007

El día que me dijeron que iba a vivir con nosotros, no me hizo ninguna ilusión.

En esa época yo acababa de comenzar el segundo ciclo de una nueva carrera y estaba tratando de integrarme en una clase ya organizada, con el estrés que eso supone. Agradecía haber encontrado más gente que provenía de otros estudios (finalizados o no) y habernos unido frente a aquellos “pequeños” extraños.

Además, me acababa de trasladar de residencia estudiantil. El asfixiante piso del año anterior había sido sustituido por un caserío (o baserri) regentado por un ladrador y poco mordedor euskoparlante entrado en años que se resistía a dejar demasiadas horas su querida propiedad en manos de estudiantes revoltosos y poco duchos en labores de horticultura.

Los dos pisos del baserri alojaban ya a nueve jóvenes, encontrándonos Manu y yo, junto a una pareja de asturianos-mexicana (ella) en la parte superior de la vivienda. Un madrileño y cuatro vascos -muy vascos- vivirían en su propia casa debajo de nuestro suelo. La convivencia con los artistas del piso de arriba -siempre rodeada de artistas- prometía ser apacible y cargada de la necesaria independencia.

Pero se ve que no era suficiente. Cuando toca asimilar novedades, toca. Creo que fue durante una comida en la universidad que Manu me anunció, entre sorprendido y encantado, que el caserío acababa de hacer un nuevo fichaje para el piso con una habitación libre. El nuestro, claro. Se trataba de una versión -artista también, por supuesto- de Homer Simpson en carne y hueso, me decía, que había llegado a la casa con sillón y no cerveza, sino coca cola, incoporados. Sólo me faltaba eso, no tenía suficiente lío en la cabeza ya, como para tener que soportar a lo que podía resultar un compañero de piso latoso e indolente.

Mi acercamiento a Gorka fue receloso y lento. “Éste va a ser de los que da mala fama a los de Bellas Artes”, pensaba yo. Y es que no sólo era un hombre a una coca cola pegado (con pajita incluída), sino que además tenía otros hábitos harto peculiares: desde preparar arroz en el microondas (sí, agua, arroz y al microondas, copyright Gorka 2003) hasta ser experto en programas del corazón, pasando por extraños horarios que incluían levantarse por la mañana para bajar a desayunar al pueblo (a una considerable distancia) y regresar al caserío para meterse en la cama de nuevo.

Poco a poco me di cuenta de que sus costumbres no sólo no hacían daño a nadie, sino que eran de lo más interesantes. Los horarios de Gorka eran distintos a los de todo el mundo (o casi todo el mundo, ¿verdad, David?), pero él tenía sus motivos y prioridades; comía y bebía de manera extrañamente selecta pero respetaba la alimentación (y los alimentos) de los demás, no es que supiera solamente de temas del corazón, sino que se podía hablar con él de cualquier cosa y era un experto en cine y música exento de snobismo; trasnochaba casi todos los días y eso permitía tener charlas de lo más variopintas (desde David Lean hasta Víctor Elías pasando por las experiencias vitales de cada uno) con él cuando no había que madrugar; empleaba su ritmo propio hasta para la limpieza de la casa pero obtenía resultados impecables y no es sólo que no fuera conflictivo, sino que además su simpatía y tolerancia contribuían al buen ambiente entre los compañeros.

Mis prejuicios y desconfianza se evaporaron completamente ante este peculiar ser, sobresaliente guionista, realizador inimitable -capaz de rodar él solo un increíble cortometraje de acción-, sereno intérprete, eficiente crítico -sus opiniones acerca de nuestros trabajos para clase no tienen desperdicio-, pero sobre todo una persona distinta, independiente pero no huraño, divertido pero no cargante, que vive la vida a su manera, sin pedirle nada a nadie y actúando según su criterio, cuya presencia es siempre motivo de alegría y cuya originalidad se echa mucho en falta.

Una conversación con Gorka siempre trae respuestas inesperadas, datos increíbles y hasta valiosos consejos. Un rato con él son risas aseguradas. En un mundo repleto de imitaciones baratas, la particularidad afable de Gorka es una bocanada de aire fresco. Aunque mi desconfianza me hiciera tardar en respirarlo.

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Foto: Gorka, by Carlos

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¿Y tú quién eres?

Octubre 23, 2007

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Iba predispuesta, todo hay que decirlo.

Y es que la película se asienta en tres pilares básicos, todos ellos motivo de adoración para mí:

Antonio Mercero. El entrañable “director de niños”, como le llaman algunos, responsable de mi serie favorita (esa que hace siglos que no reponen pero siguen insistiendo en que sí), de otras como Farmacia de guardia, y de películas tan variopintas como Buenas noches Señor Monstruo, La cabina, Planta cuarta, La habitación blanca, La guerra de papá

Cristina Brondo. Esta chica tiene algo. Desde Aunque tú no lo sepas me llamó la atención (aunque ya la conocía sin seguridad). Y con Una casa de locos o Las muñecas rusas constaté esa simpatía, vida y belleza clara que transmite. Y tú quién eres la ha consagrado ante mis ojos.

Manuel Aleixandre. Sobre todo Manuel Aleixandre. Este eterno secundario y maravilloso cómico que en plena madurez está mostrando sus capacidades dramáticas -anunciadas ya por Don Matías- gracias a dos ansiadísimos (para él y para sus fans) papeles protagonistas, uno el Don Ricardo del que pude disfrutar ayer y otro el enamorado Fred de Elsa y Fred. Ambos precedidos por tal cantidad de interpretaciones memorables que es complicado seleccionar unas pocas.

A pesar de ciertos excesos en el dramatismo de los momentos críticos de la película, en los que me chocaron las exageradas reacciones de los personajes, lo cierto es que la cinta merece más atención que la prestada por unas salas de cine que a la segunda semana de su estreno ya la han retirado y permiten visionarla en otros circuitos cinéfilos a mitad de precio.

En fin, que lo que cuenta es la delicadeza y sensibilidad con la que Mercero pone en primer plano una enfermedad tan terrorífica como el Alzheimer. Con humor, de la mano del gamberrillo personaje de Jose Luis López Vázquez, pero también con la crudeza con la que vivir una realidad así llena la vida de quienes se ven afectados por ella. Inconmensurable Aleixandre, demostrando tal capacidad interpretativa que nos convence de la oscuridad de una mente, que en la vida real y a sus casi 90 años, está tan lúcida como la de una persona de 40. Su mirada perdida, su indefensión y sobre todo su ternura, que encuentran un inmejorable refugio en su nieta, paciente, cariñosa y entregada a su abuelo.

La película busca conmover, pero sobre todo concienciar, enseñar el proceso de una enfermedad degenerativa que destruye la mente y los recuerdos. Y si resulta emotiva para cualquier espectador con la mínima capacidad de empatía, más lo es para quienes lo hemos vivido de cerca.

Gracias Mercero, por ser de esos directores a quienes les importan los problemas de la vida cotidiana, porque has sabido elegir a los actores idóneos con quienes darle forma a esta maravillosa historia, y especialmente, porque me has regalado un “nuevo” momento con mi abuelo gracias a la preciosa escena del baile entre Manuel y Cristina.

Gracias

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Impotencia

Octubre 17, 2007

Qué desagradable es que se estropee el ordenador. Por la impotencia que se siente (el 90% de los que tenemos PC no sabemos arreglarlo) pero sobre todo porque una se da cuenta de cuánto necesita al trasto éste. Y no es que tenga mono de Internet o de alguno de sus servicios en concreto (de hecho, no tenerlo me proporciona un descanso obligatorio de trabajo desde casa), sino que me supera una sensación de PÁNICO por los posibles daños en el disco duro, el archivo, el almacén en el que durante años llevo guardando TANTO que no soportaría perder y de lo que no tengo copia porque a base de CDs (no puedo grabarlo en DVDs) no daría a basto. 

Y aunque aún no lanzo las campanas al vuelo, parece que esta avería no está directamente relacionada con el disco duro… *suspiro de alivio* … Pero aún sigo esperando recuperarlo vivito y coleando.

Mientras tanto, jornada de reflexión… No quiero vivir con este miedo encima continuamente. Creo que esta es la ocasión oportuna para asimilar de una vez por todas que quienes amamos lo almacenado en el personal computer, deberíamos tener una copia de seguridad en un disco duro externo (con una considerable capacidad). A ver si sigo mi propio consejo.

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Como Audrey cuando la dejaron Sola en la Oscuridad. Así me sentiría yo sin “Mis archivos”. Qué fuerte, Doc…

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Actualidad

Octubre 10, 2007

Mi día a día laboral se nutre de noticias, de lo que es “nuevo” informativamente hablando. Una de las muchas claves de la calidad de la información es su inmediatez. El medio que se lleva el gato al agua es el primero que se entera, que conoce y que da a conocer.

El concepto actualidad no ha tenido apenas influencia en mi vida hasta que he comenzado a trabajar como periodista. El cine que más me gusta está hecho hace 60 años y cuando veo una peli de la última década suele ser tiempo después de su estreno, no conozco la mayor parte de la música que se hace hoy en día, leo las revistas meses más tarde de su publicación y el telediario ha sido para mí ese programa que ven mis padres y que sólo sirve para hundirse en graves depresiones. Mi interés siempre ha estado focalizado más en el pasado que en presente. ¿Defecto? Probablemente.

Pero mi ocupación actual me obliga a luchar contra esta tendencia. Me exige estar pendiente de la -con frecuencia- tediosa actualidad cántabra y redactar continuamente noticias sobre ella. El trabajar en un diario digital lo acelera todo mucho más: lo que he publicado por la mañana quizá ya no es noticia por la tarde y casi todos mis escritos tienen un tiempo de vida tan breve que aturde.

La cuestión es que varias circunstancias de los últimos meses me hacen plantearme si la inmediatez informativa de la que “disfrutamos” está enfocada hacia lo que en realidad importa.

Y es que, el 29 de julio de este año, yo estuve bañándome en el mismo mar en el que horas antes moría ahogado Rubén, mi colega de universidad, mi entrañable vecino y compañero de viaje. Por supuesto, en ese momento vivía en la inopia y ni siquiera fui consciente (como la mayoría de sus amigos) de su desaparición hasta días después. Por el mismo motivo tuve que conocer la muerte de mi amiga Sonia a través de la peluquera de su madre, por la que se enteró la hermana de otra amistad en común. Así de irónicamente macabra es la vida.

Es totalmente comprensible que sus familias, sumidas en el dolor, busquen la máxima discreción, demasiado tienen con su pesadilla privada. Y no soy tan ingenua como para creer que los medios de comunicación son adivinos y telepáticos.

Pero lo que yo me pregunto es de qué coño me sirve saber los últimos detalles de la semana de Victoria Beckham en París cuando ni siquiera he podido acudir al funeral de una de las personas que han formado parte de la última etapa mi vida. Porque NO ESTABA INFORMADA.

foto de lagape en 10/10/07 

Foto: Grecia, by Suspe. Sonia y yo fuimos de las poquísimas que votamos Grecia como destino para el viaje de fin de carrera. Por supuesto, no ganamos.