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Mudanza -> http://lagape.blogspot.com/

Noviembre 19, 2008

Me traslado a blogspot. Llevo días tanteándolo y simultaneando los dos, pero finalmente me he decidido.

Me traslado por la simple razón de que es mucho más fácil allí ver cuándo añadís una entrada.

Mi wordpress seguirá en línea, pero a partir de ahora actualizaré en: http://lagape.blogspot.com/

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Tiny

Noviembre 17, 2008
Multitud de veces he soñado que tengo un/a amigo/a o una mascota diminuta, casi microscópica, alguien a quien aprecio mucho a pesar de la diferencia de tamaño que existe entre ambos, y que dejaré de ver si cambia su ubicación habitual, si sale de la pequeña casita o tarro o receptáculo en el que se encuentra.

Y es entonces cuando el sueño se convierte en pesadilla, porque mi diminuto ser querido se escapa o se marcha o le sacan de su sitio y yo ya no lo puedo ver más y queda camuflado entre los dibujos de la alfombra o en cualquier otra parte de la casa o quien sabe si de la calle. Y puedo pisarlo en cualquier momento. Porque no escucho su voz, es demasiado pequeñito o quizá mudo. Pero mientras estuvo en su lugar, nos comunicábamos perfectamente. Pero lo pierdo, lo pierdo de vista y de corazón. Y siento una angustia muy grande.

Una sensación parecida me recorrió al enterarme de que XN ha vuelto a China y su teléfono ha dejado de estar operativo.

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Gracias a la subconsciencia

Noviembre 6, 2008

orson-wellesViajando en tren o en metro por Santander o por Bilbao llegamos a un lugar (¿un vagón de metro? ¿una cafetería? ¿un centro comercial?) y me doy cuenta de que allí, en una mesa, firmando autógrafos, se encuentra Orson Welles. En ese momento recuerdo que había incluído ese evento en la agenda de la web. Pero se me había olvidado. Lo importante es que ahí está. Un joven Orson Welles en blanco y negro, vestido como aparece en El tercer hombre y sonriendo enigmáticamente.

Me da un vuelco el corazón pero me doy cuenta de que no llevo la cámara de fotos. Le pido a Manu que me acompañe a casa y nos dirigimos a por ella en una combinación de metros y trenes, como si la distancia fuera considerable y sin embargo, estamos de vuelta enseguida. Al llegar de nuevo al lugar, exclamo “¡pero si he ido a por la cámara y no la he traído!” y miro hacia abajo y veo que la tengo preparada para disparar y a la altura del pecho. Ni me inmuto por el despiste.

Me pongo al final de la cola de personas que esperan conseguir unas letras de Welles, pensando que este pobre hombre, tan mayor (aunque no lo aparente), ya estará harto de tanta firma, porque lleva allí unas 8 horas sin parar. Mientras me coloco al final de la cola, una voz en off, de la manera en la que lo expresaría el pensamiento de un personaje en una película, dice mientras se ve a la Cecilia Roth de Todo sobre mi madre, con el abrigo rojo, colocarse al final de la fila: “Esta mujer, siempre la última para todo”. Roth desaparece y yo ya no estoy al final de la fila, sino sentada en un asiento del metro, de los colocados paralelamente a las puertas y ventanas, aburrida de tanto esperar.

De pronto aparece Orson Welles, cual revisor, ofreciendo su firma sobre un fotograma de El tercer hombre. Ahí es cuando me doy cuenta de que lo que yo creía una cola, era gente colocada en sus asientos y viajando sin inmutarse por la presencia del genio. Así que le miro para que entienda que a mí me interesa y se pare. Me firma la foto, que tiene un brillo especial, y después se dirige a hablar con Manu, al que unas tres personas separan de mí, y con el que se queda un buen rato, haciéndose incluso un hueco a su lado.

Cuando nos marchamos del metro, comentando el hito que acabamos de vivir, nos cruzamos en unas escaleras con el alcalde de Santander acompañado de algún otro del equipo municipal. Le saludo como si tal cosa y él no responde, pero me da igual. Acabo de conocer a Orson Welles en persona.
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La soledad de la orquídea

Octubre 21, 2008

La segunda orquídea se quedó en la cajita que Renato le llevaba a la estación de tren como regalo de despedida, ya que la primera se había quedado flotando a su suerte en el Canal de Venecia. Que aquella flor comprada a una anciana entrañable mientras escuchaban música en la terraza de un café no pudiera volver a sus manos debió dejarle claro lo que iba a pasar. Pero él parecía sorprendido. Todavía no sé si de verdad o ya había previsto la futilidad de todo aquel encanto. En cualquier caso, Jane dejó Venecia, un poco más madura por la experiencia, un poco más triste por la pérdida. Y eso es lo que cuenta.

Foto: Katherine Hepburn en un fotograma de Locuras de verano (Summertime) (David Lean, 1955)

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Y al que no le guste…

Octubre 10, 2008

Me miran raro porque aunque llueva torrencialmente, si no llevo paraguas, no me paro. Sigo adelante empapándome la ropa, el pelo y los pies mientras la gente espera en los portales, bajo los techos, dentro de las cafeterías. Pero no se les ocurre que voy directa a casa y en cuanto llegue me quitaré la ropa mojada y me ducharé con agua caliente, ni que después de un día de trabajo lo último que necesito es que nada ni nadie me siga reteniendo donde no quiero estar, o que caminar por los jardines de Pereda con el cielo luminoso de las siete y media de la tarde, las gotas incesantes, el suelo limpio y reluciente y nadie a la vista es toda una delicia. O que igual son ellos los que se asustan por una tontería y no es que yo actúe como una aventada.

Lo mismo ni me están mirando. Igual es por el cansancio que provoca tanto sueño atrasado.

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A Javi

Octubre 10, 2008

Javi era mi claro favorito, de entre los downs y los no downs. Dicen que era mi favorito porque yo también era su favorita, y seguro que es verdad.

El mimado y señorito Javi, al que había que separarle la comida, porque no tomaba lo mismo que el resto, que se quejaba (con razón) de que las monitoras no le trataban como se merecía, que no dejaba sus crucigramas ni de día ni de noche.

El lúcido y entrañable Javi. La persona que siempre tenía una palabra de cariño que dedicarme, que durante las duras jornadas de un trabajo que detestaba y una situación que detestaba aún más, me dedicaba amplias sonrisas desde su asiento, llenándome de alegría.

El Javi de las carcajadas interminables. Que esa noche cantó Bailar pegado” en el karaoke y me la dedicó con una emoción tan limpia y sincera como sólo saben transmitirla quienes están necesitados de mucho más afecto y comprensión que el resto.

Dicen que se va a casar. Ojalá sea cierto, porque desde que le conocí, ese era su mayor deseo. Suerte, Javi.

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Premio “Weblog Brillante 2008″

Agosto 22, 2008

Es un orgullo egocéntrico hacerme eco de un premio que me ha sido otorgado en el blog Cosas y accesos de furia, del prometedor cineasta Lasaga, que habiendo realizado ya unos cuantos trabajos audiovisuales incendiarios y con mucha personalidad, comparte a través de este espacio sus avances en el mundo del cine, así como sus opiniones sobre diversos temas, siempre con una visión ÚNICA, con mayúsculas: 

1- El premio al blog de variedades más impredecible es…

para LAUDREY.WORDPRESS.COM por tener un gusto tan exquisito a la hora de redactar, escoger ciertos temas, reflexionar sobre ellos y ser una persona tan especial e imprescindible para mí.

 Las normas del juego son:

1- Una vez se te avisa de que se te ha otorgado la nominación, si aceptas el premio debes colocar el logo del premio en alguna parte de tu blog; hacer una entrada sobre ello, donde hables sobre el blog que te ha nominado.

2- Debes poner un enlace en tu blog al que te ha nominado (si es que no lo tienes ya).

3- Debes nominar al menos a otros 7 blogs que aún no hayan sido nominados nunca, y deberás avisarlos dejándoles un comentario en la última entrada que haya publicado cada uno de ellos. También deberás poner un enlace en tu blog a cada uno de ellos (si es que no lo tienes ya, como antes).

Y mis ganadores,  es decir, los blogs que más disfruto leyendo, de acuerdo con las normas anteriores, son:

- Xuntaletras. Por su sensibilidad, por su empatía y por su amor por los libros y la corrección ortográfica

- Un respeto a los clásicos. Por sus rescates del olvido colectivo

- Un mundo de locos. Porque me encantan sus fragmentos de vida numerados, breves e intensos

- Oh!. Porque me río leyendo sus experiencias como estudiante de la siguiente generación

- No te lo crees. Por su diversidad mitómana

- Lo que dice Candela. Por sus relatos, por ser tan ochentera e irlandesa y por lo bien que escribe

- La caja tonta. Por querer tanto a la caja lista

- Lady Filstrup. Porque es IMPOSIBLE que exista un blog más completo sobre Bruguera y los actores españoles de antes

- El blog de Randy. Porque me hacen mucha gracia sus descripciones numeradas y detalladas de todo tipo de asuntos frikis

 

Espero que os haga un poco de ilusión la opinión de esta lectora casi fiel

Premio para "Nando y los Cortos"

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¡Rojilla!

Julio 24, 2008

Porque estoy HARTA de quien insulta empleando los términos ROJO y FACHA sin tener ni puñetera idea de lo que está diciendo:

UN FACHA DE SIETE AÑOS

«Me interpela un lector algo –o muy– dolido porque de vez en cuando aludo a España como este país de mierda. El citado lector, que sin duda tiene un sentimiento patriótico susceptible y no mucha agudeza leyendo entre líneas, pero está en su derecho, considera que me paso varios pueblos y una gasolinera. Le extraña, por otra parte, y me lo comunica con acidez, que alguien que, como el arriba firmante, ha escrito algunas novelas con trasfondo histórico, y que además parece complacerse en recuperar episodios olvidados de nuestra Historia en esta misma página, sea tan brutal a la hora de referirse a la tierra y a los individuos que de una u otra forma, le gusten o no, son su patria y sus compatriotas.

La verdad es que podría, perfectamente, escaquearme diciendo que cada cual tiene perfecto derecho a hablar con dureza de aquello que ama, precisamente porque lo ama. Y que cuando abro un libro de Historia y observo ciertos atroces paralelismos con la España de hoy, o con la de siempre, y comprendo mejor lo que fuimos y lo que somos, me duelen las asaduras. Aunque, la verdad, ya ni siquiera duelen. Al menos no como antes, cuando creía que la estupidez, la incultura, la insolidaridad, la ancestral mala baba que nos gastamos aquí, tenían arreglo. La edad y las canas ponen las cosas en su sitio: ahora sé que esto no lo arregla nadie. España es uno de los países más afortunados del mundo, y al mismo tiempo el más estúpido. Aquí vivimos como en ningún otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben dónde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de mí. Nuestra envilecida y analfabeta clase política, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educación, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta. Y parece mentira. Con la de gente que hemos fusilado aquí a lo largo de nuestra historia, y siempre fue a la gente equivocada. A los infelices pillados en medio. Quizá porque quienes fusilan, da igual en qué bando estén, siempre son los mismos.

Pero me estoy metiendo en jardines complejos, oigan. El que quiera tener su opinión sobre todo eso, acertada o no, pero suya y no de otros, que lea y mire. Y si no, que se conforme con Operación Triunfo, con Corazón Rosa o con Operación Top Model, o como se llamen, y le vayan dando. Cada cual tiene lo que, en fin, etcétera. Ya saben. Por mi parte, como todavía me permiten y pagan este folio y medio de terapia personal cada semana –es higiénico poder morir matando–, me reafirmo un día más en lo de país de mierda. Y lo voy a justificar hoy, miren por donde, con una bonita anésdota anesdótica. Una de tantas.

Verán. Un niño de siete años, sobrino de un amigo mío, observando hace poco que varios de sus amigos llevaban camisetas de manga corta con banderas de varios países, la norteamericana y la de Brasil entre ellas –algo que por lo visto está de moda–, le pidió al tío de regalo una camiseta con la bandera española. «Van a flipar mis amigos, tito», dijo el infeliz del crío. Según cuenta mi amigo, el sobrinete bajó al parque como una flecha, orgulloso de su prenda, con la ilusión que en esas cosas sólo puede poner una criatura. A los diez minutos subió descompuesto, avergonzado, a cambiarse de ropa. El tío fue a verlo a su habitación, y allí estaba el chiquillo, al filo de las lágrimas y con la camiseta arrugada en un rincón. «Me han dicho que si soy facha o qué», fue el comentario.

Siete años, señoras y caballeros. La criatura. Y no en el País Vasconi en Cataluña, ni en Galicia. En la Manga del Mar Menor, provincia de Murcia. Casualmente, y sólo una semana después de que me contaran esa edificante historia infantil, otro amigo, Carlos, gerente de un importante club náutico de la zona, me confiaba que ya no encarga polos deportivos para sus regatistas con el tradicional filetillo de la bandera española en las mangas y en el cuello. «En las competiciones con clubs de otras autonomías –explicó– están mal vistos.»

Dirán algunos que, tal y como anda el asunto, podríamos mandar a tomar por saco ese viejo trapo y hacer uno distinto. Al fin y al cabo sólo existe desde hace dos siglos y medio. Podríamos encargarle una bandera nueva, más actual, a Mariscal, a Alberto Corazón, a Victorio o a Lucchino. O a todos juntos. Pero es que iba a dar igual. Tendríamos las mismas aunque pusiéramos una de color rosa con un mechero Bic, un arpa y la niña de los Simpson en el centro; y en las carreteras, el borreguito de Norit en vez del toro de Osborne. El problema no es la bandera, ni el toro, sino la puta que nos parió. A todos nosotros. A los ciudadanos de este país de mierda.»

ARTURO PÉREZ-REVERTE

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With Zumzumegui in my dreams

Junio 25, 2008

Termino la jornada matinal a las 14.00 y cuando estoy a punto de irme y cerrar con llave la oficina, llega una señora que trabaja cerca y me pide un ordenador para transcribir un montón de papeles porque el suyo no funciona. Así que accedo y la dejo copiando sin parar en el ordenador de mi jefe y con la puerta de la oficina abierta.

Cuando vuelvo por la tarde al trabajo, me cruzo con Zunzunegui en el Pasaje de Peña y me saluda entre simpático y despistado, mientras se marcha a toda prisa. Se estaba despidiendo de Zumalde, que se dirige a la peluquería regentada por gays que está pegada al portal de mi edificio.

Una de dos. O mi oficina está en el despacho del Departamento de Audiovisual de la UPV-EHU o el despacho de Zumalde está en el Edificio Simeón, porque mi destino, entrando por el portal del trabajo, es su despacho. Para preguntarle dudas sobre una imagen que quiero analizar semióticamente y teniendo clarísimo que hablando Zumalde habla al mismo tiempo Zunzunegui, que está dentro de él y me explicará temas de Sociosemiótica desde dentro del cuerpo de su discípulo.

La imagen que quiero analizar es un cuadro fascinante y Zumalde y yo nos quedamos mirándolo un buen rato. Él me indica que me fije sobre todo en los espacios vacíos y en el encuadre y me da otro montón de pistas que apunta en una hoja que luego hace desaparecer.

Le digo que me acompañe a la oficina para enseñarle lo que llevo hecho por el momento, pero cuando llegamos, ahí sigue la señora de antes copiando sin parar. Eso nos coarta.

Le digo que echo en falta la universidad y él me dice que me contaría muchas cosas personales pero que no lo hará por si me da por el periodismo rosa. Y yo le replico gritando “¡Puaaaj!”. Y vuelve a su despacho flanqueado por dos chicas despampanantes que no paran de pedirle que les hable de El crimen de Monsieur Lange.

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Atrapados por la marea

Junio 23, 2008

Dentro de un recinto acristalado, soy testigo de cómo una ola gigante en una subida de marea atrapa a muchísima gente, a mí incluída.  Un hombre mayor se queja porque no entiende cómo siguen dejando que nadie viva tan cerca del mar, si hay crecidas así, aunque no ocurran a menudo. En ese momento miro desde dentro de la cristalera y soy testigo de una especie de repetición del momento en el que la ola enorme nos envuelve, aunque lo que yo veo es cómo se lleva mi toalla y demás enseres de la playa.

Cuando consigo salir del agua, soy consciente de la cantidad de cosas que he perdido en el mar: ropa, objetos personales… Lo voy recuperando poco a poco, pero me doy cuenta de que me falta la toalla, así que vuelvo a por ella. La tiene una chica, envolviendo una de sus piernas, que no para de sangrar. Veo que la van a subir a un autobús y me acerco a ella y le digo que es mi toalla, que me la compró mi madre. Ella me la intenta devolver, y en ese momento me doy cuenta de lo increíblemente egoísta que estoy siendo, así que le digo que intentaré buscarle otra cosa con que cubrirle las heridas.

Hay un montón de niños que me transmiten indefensión, no sé si porque siguen en el agua o porque están fuera y se encuentran solos. Hay mucho miedo a que muera gente ahogada. La mayoría de la gente sale, pero otra tanta se queda en el agua, fuera de nuestra vista. Entre ellos mi padre, mi amiga Elena y Ross, de Friends.

Elena aparece al cabo de unos días, hecha un desastre y es reticente a contar cómo ha conseguido volver y qué le ha pasado. Yo me extraño de no estar preocupada por mi padre, que no ha aparecido aún, pero mi madre dice que sabe que está en la barca de un pescador. Yo pienso que será terrible aguantar el sol para él tantos días en el agua. Ross no aparece, aunque nos hace algo de gracia que haya desaparecido en el mar de Santander.

Se va acumulando una enorme montaña de cosas que no está permitido tocar y pienso que cuando aparezca todo el mundo repartirán lo que hemos perdido dentro de la masa de agua y personas.

Foto: Santander, by Suspe

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La loca durmiente

Junio 15, 2008

 
Mefisto visto por Al Betrayal

No quiero dar la nota en unos carnavales, así que decido disfrazarme. Y me pongo una máscara, con varios motivos pintados por mí, que es una mezcla entre la cara de Freddy Kruger y la de MC Mefisto Negruri.

Poniéndola y quitándomela continuamente, entro en un lugar bastante lujoso con mi prima y más gente de mi familia. Allí hay un montón de personas famosas e interesantes, pero no me acerco a hablar con ninguna de ellas, tratando de aparentar que no me interesan.

Al cabo de un tiempo lo pienso mejor y llego a la conclusión de que aunque haya perdido tantas oportunidades, ya que muchos de ellos se han ido, mejor intentar conseguir por lo menos una foto con alguno. Decido acercarme a Susan Sarandon, que está guapísima vestida de rojo, muy elegante y aparenta ser mucho más joven de lo que es.

Me doy cuenta de que a la vez que yo, mi tía Manoli se está acercando a ella también cámara en ristre. Así que para no molestarla demasiado, pero un poco fastidiadas, acordamos hacernos una misma foto con ella las dos a la vez.

No sé dónde están nuestras cámaras en ese instante, así que les pedimos a dos chicas adolescentes que nos hagan la foto con la suya. Susan Sarandon le dice algo a mi tía y luego me pregunta a mí que qué hago con esa máscara, aunque yo ya me la había quitado para quedar retratada con mi propia cara junto a ella. Le explico que es una manifestación artística. Las chicas, que no paran de reírse tontamente, nos hacen varias y se marchan diciéndonos que ya nos las enviarán.

Al cabo de unos segundos, me quedo mirando a mi tía y le digo que a dónde pensarán mandarnos las fotos, si no tienen nuestra dirección. Y en ese momento, siento mucha rabia e impotencia y me digo para mis adentros que siempre me pasa lo mismo.

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Voy andando con mi prima por Madrid. Mi prima de pronto es mi hermana y estoy teniendo con ella una de esas conversaciones frikis recordando diálogos de películas de las que nos gustan. Mi hermana pronuncia una frase de una de las pelis, lo que provoca que un chico que acaba de cruzarse con nosotras se pare en seco, se gire, nos mire y exclame, repitiendo la fase: “¡Eso lo decía yo en Now and then!”

Y nosotras nos lo quedamos mirando asombradas al ver que es Devon Sawa. Yo no me explico cómo no nos hemos fijado antes en que pasaba a nuestro lado. Sonriente y encantado, nos pregunta cómo puede ser que nos sepamos esa frase. Le explicamos que hemos visto unas tropecientas mil veces Amigas para siempre. Quiere saber cómo lo conocimos. Le digo que desde Casper, que su escena nos marcó totalmente. No entiende que lo ficháramos en un fragmento tan corto de película. Le comentamos que en esa época parece que se empeñaban en emparejarlo con Christina Ricci y le hace mucha gracia.

Le pregunto que qué hace en Madrid y me mira con gesto desconfiado como expresando que quiero saber demasiado. Pero contesta que está promocionando una peli y nos enseña su cartel, que está colgado a tamaño gigante en una carretera. Luego le intento hablar de las cosas positivas que tiene La noche de los tornados, aunque él nota que muchas las digo por decir y le explico también que una compañera mía de piano estaba obsesionada con él y que decía que era el protagonista de La princesa prometida y que se llamaba Cary Elwes. Y él gritaba ¿en castellano?: “¿¿ese puto italiano??”

Cada vez se nos une más y más gente, especialmente chicas, al darse cuenta de con quién estamos. Cuando somos ya un grupo numeroso, él pregunta que quién va a salir de fiesta después dirigiéndose a mí. Yo digo que depende… Y él decide irse, no sin antes hacerse una foto con todo el grupo. Yo le indico a quien nos la va a hacer cómo funciona mi cámara y corro a colocarme al lado de Devon, que me ha guardado un hueco.

Y después se va.

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Dream on

Junio 6, 2008
Estoy enfadadísima con mi hermana y mis amigas del pueblo porque les he dejado mi bolso para que me lo cuiden mientras me ocupo de otra cosa y han aprovechado para cogerme dinero de la cartera y pedir un montón de comida en un restaurante. Cuando llego donde están me doy cuenta de que ni siquiera me han guardado nada. Y es la segunda vez que ocurre. Después, comiendo con la familia en otro local, y debido a que tienen mucha prisa por marcharse, me quedo sin probar la exquisita variedad de postres que prometía la carta. Estoy decepcionada y a nadie parece importarle.
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Mientras caminaba delante de mí dándome la espalda y recordándome (quién sabe por qué) a El maestro de escuela de Magritte, me he pasado un buen rato tocándole el pelo a Ringo Starr para intentar atusárselo, porque lo tenía muy enredado y porque quería comprobar su tacto. Y tras una pequeña caminata en dirección al resto de Beatles, Ringo se ha colocado entre sus compañeros para que un amigo les hiciera cantidad de buenas fotos para mí.
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Tenía un bebé, una niña recién nacida, pero mucho más pequeñita de lo habitual. Mi hija llegaba de pronto a mi vida, aunque yo no había dado a luz. Ni siquiera tenía padre, era sólo mía. La niñita tenía que pasar todo el tiempo con una de sus dos orejas pegadas a mi corazón mientras yo la tenía en brazos, porque si dejaba de escuchar mis latidos, moriría. Así que no me despegaba de ella ni de día ni de noche. Yo la adoraba, pero sentía que mi vida como tal se había terminado. No podía hacer un montón de cosas porque vivía pegada a ella. Por suerte, alguien de mucha confianza me hizo descubrir que era la única persona capaz de sujetar a mi hija tal y como lo hacía yo sin que a ésta le ocurriera nada malo. Y fue un alivio compartir la responsabilidad.
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Tenía que acudir varios días seguidos a un lugar donde se solucionaban temas de papeleo y en la última de esas ocasiones, me ofrecía voluntariamente para ayudar a las personas que trabajaban en las ventanillas porque me parecía un trabajo de lo más estimulante tratar continuamente con la gente y solucionarles todo tipo de problemas burocráticos.
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Los Reyes visitaban la casa del pueblo, que estaba repleta de gente desconocida, metida en habitaciones que no existen. Y mi madre no estaba, así que yo tenía que hacerles fotos, porque era una ocasión única que los Reyes de España estuvieran en la casa donde nació ella. Pero no encontraba la cámara por ninguna parte y en algunas habitaciones no me estaba permitido entrar, porque estaban llenas de inquilinos.
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Voy con mi madre a un mercadillo y me quedo clavada en un puesto de pósters de cine, justo el que estaba buscando. Estoy feliz porque por fin vez me puedo permitir todos los que me gusten.

Ese puesto deja de ser de carteles de películas y se convierte en la tienda de un artista que al principio me resulta lejano. Pero luego me quedo hablando con él con toda confianza. Y es la hora de la comida y sé que en casa me están esperando y que serán conscientes de que estoy con él.

Es el mismo puesto que había visitado con mi madre y mi prima y cuyas pinturas (dibujos con formas escondidas, casi todos) me encantan. Le digo cuánto me gustan sus dibujos y nos regala a mi prima y a mí un cuadro suyo homenaje a “La Bella y la Bestia” que nos hace mucha ilusión.

Me callo porque tengo la sensación de que cualquier cosa que destaque me la va a regalar. Pero lo cierto es que sus dibujos me fascinan. Cada cual más. Hay láminas sueltas e ilustraciones de libros.

Mi padre también le visita. Vamos todos varias veces.

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Veo pasar ante mis ojos una convocatoria de beca muy interesante que incluye la posiblidad de estudiar en el extranjero. Todo el mundo se entera, al igual que yo, y mi familia y amigos se presentan también para tratar de conseguirla. El día del examen obligatorio, salgo de casa con mucho tiempo para llegar a tiempo. Me dirijo andando al lugar de la prueba y con tiempo de sobra, me dirijo al conserje para preguntarle por el lugar del control. No entiendo cómo pero pasa muchísimo tiempo y cuando encuentro el aula, donde un montón de gente conocida está escribiendo, la examinadora me dice que ya es demasiado tarde para comenzar a hacerlo. No entiendo nada y es especialmente doloroso porque sé que gente importante aprobará y se marchará lejos.

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Alguien mayor que yo, creo que Andrés, nos examina a varias personas de una peli en la que aparece Katie Holmes. Mientras nos lo estudiamos, me doy cuenta de que la peli es en realidad Dawson crece, pero Joey tiene el pelo larguísimo, me fijo mientras se tumba en la cama de Dawson. El examinador quiere comprobar si me lo sé de memoria. Pero en realidad, el resultado depende de que me haya fijado bien en todos los detalles. Recuerdo que la primera cuestión es de cuántas preguntas consta el test de la película. Y contesto correctamente que de 31.

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Y a ninguna le interesa

Junio 3, 2008

Juan, el portero del edificio en el que está la redacción donde trabajo, se ha jubilado.
 
Cuando empecé a trabajar aquí, el que era mi compañero, me lo pintó como un facha vejete pero majo al que le seguía el juego por tener alguien con quien hablar en los descansos para fumar. Así que me acerqué a él con recelo, consciente también de la mala leche con la que le describían.
 
Y era cierto lo de su fuerte carácter, nos reñía por dejar los baños sin cerrar o nos hacía bajar por el ascensor si estaba fregando las escaleras. Pero enseguida me di cuenta de que su único objetivo era cuidar del edificio y de la gente que trabajamos en él. Que ningún extraño se colara con aviesas intenciones, que siempre encontráramos el portal reluciente, que no faltara papel higiénico, que cuando a alguien se le olvidaran las llaves, él tuviera una copia y así echarles un cable… Su simple presencia me causaba una agradable sensación de seguridad.
 
Pero para mí, lo más importante era su conversación. La única persona con la que intercambiar palabras en muchas mañanas solitarias, con sus bromas sobre las juergas de orujo que me traigo (con mis botellas de agua, claro) al traernos el correo, alguien que siempre me saludaba con una sonrisa y una palabra amable, al entrar y al salir, que no tenía reparos en compartir retazos de su vida conmigo, una vida repleta de trabajo y, contrariamente a lo anunciado, marcada por la lucha obrera.
 
Aunque, sin duda, lo que más echaré de menos será su costumbre de silbar melodías por los pasillos mientras limpiaba. Las notas de Candilejas o El beso, a lo lejos, en un piso en el que sólo se oye abrir y cerrar la puerta del ascensor, siempre me transmitían buenas vibraciones.
 
Llevo 10 meses viéndolo a diario y me ha dado mucha pena despedirme de él. En el cuarto de contadores, mientras enseñaba sus trucos al nuevo, he bajado a desearle que disfrute de su retiro, que lo merece y con una visible emoción en sus ojos, casi como de abuelo postizo, me ha dicho: “gracias por todo”.
 
Entonces no, pero ahora me pregunto por qué.
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The wicked language of musicals

Abril 23, 2008

Algunas características comunes a la mayoría de los musicales de Hollywood:

• Los bailarines reúnen una serie de objetos domésticos y bailan con ellos. El baile con objetos nos hace abandonar nuestra incredulidad y nos empuja a pensar que los objetos han sido colocados ahí para el baile. Semejantes “apaños” (bricolage, como lo denomina Lévi-Strauss) dotan de espontaneidad a los números, aunque en realidad sean éstos el resultado de gran habilidad técnica.

• En la mayoría de musicales se prescinde de la línea clásica del ballet y se introduce un estilo de baile más espontáneo y natural. Ese estilo de baile da la sensación de que no existe coreografía.

• El musical popular rezuma nostalgia por el mítico pasado de los colonos en América. Se utilizan, repetidas veces, dos modelos de canciones para hacernos caer en la nostalgia. El cantar a coro, una forma habitual de la vida diaria (canto de alabanzas, canciones de acampada, siguiendo el ritmo…) vincula la diversión a la comunidad. Por otro, las canciones que pasan de boca a boca son un procedimiento cinematográfico, ya que normalmente no vemos a la gente coreando canciones por la calle.

• Hay dos tipos de números musicales: los de proscenio y los narrativos. En los musicales “de entre bastidores”, es decir, que hablan del mundo del espectáculo por detrás de las bambalinas, mediante tomas de transición vemos que el espectador de la película puede ser incorporado al público de ficción. Mediante la dolly, barridos de cámara y planos por detrás el efecto que se logra es recordarle al espectador que son vistos desde el punto de vista del público del teatro, mientras que a la vez se adentra para presentar la actuación directamente al espectador. En los interludios narrativos se nos anima a compartir el punto de vista de los actores y durante los musicales a convertirnos en parte del público que aparece en la película.

• A primera vista el musical de Hollywood parece constituir una excepción de lo que entendemos por film “clásico”, el cual trata siempre de encubrir su propio proceso de elaboración. El musical, por el contrario, parece estar rompiendo constantemente su brillante envoltorio, de manera similar a cómo lo haría, se supone, un film moderno. Por tanto, aparentemente, este modelo de relato “clásico” no es válido para explicar un formato como el musical. El proscenio crea una distancia para que podamos observar de qué manera se salva esa distancia. El público que aparece en la película se sitúa entre nosotros y la actuación para permitirnos una identificación mayor con la experiencia del teatro en vivo. El discurso directo atraviesa el ámbito del relato para afirmar la tradición del espectáculo cuya historia nos cuenta el film. Y la tecnología se muestra en el interior de las películas para asegurarnos una última mitificación del propio musical de Hollywood.

• Los musicales se construyen partiendo de un doble registro sobre el que se contraponen el relato y los números que definen a la comedia musical como una forma única. La dicotomía que se establece a la hora de contar el relato (ahora narrado, luego cantado) es un modo de presentación distinto al del hilo único más corriente en el cine de Hollywood. La narración en tercera persona se puede considerar un primer nivel, del cual surge otro secundario, presentado en forma de discurso directo y confeccionado con canciones y bailes. La interrupción de la primera persona altera el equilibrio del fluir unitario.

(Trabajo Pigmalión y My fair lady, LGP)

Foto: La grandísima Margaret Hamilton interpretando a The Wicked Witch of the West en El mago de Oz (Victor Fleming, 1939). La bruja que más miedo da. La que más pesadillas me ha provocado. Fascinante

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Mi mamá me mima

Abril 15, 2008

¿Cómo se le dedican unas líneas a la persona que te ha regalado la existencia? ¿Cómo se atreve alguien a intentar expresar en un medio tan limitado lo que siente por la persona más importante de su vida?

¿Explicando que desde que era niña se ha dedicado íntegramente al servicio a los demás? ¿Que tuvo que disfrutar de una infancia más corta de lo deseable porque así la obligaron sus circunstancias? ¿Que las carencias de su niñez le hicieron apreciarlo todo con más ganas y entusiasmo que la mayoría de la gente? ¿Que las duras pruebas que le ha puesto la vida la han convertido en la resistente mujer que es hoy?

¿Hablando de sus muchas cualidades? ¿De que no sólo sabe cocinar de maravilla, sino que se ocupa de que la alimentación de todos en casa sea equilibrada, de que a menudo encontremos platos al gusto de cada cual, de poner creatividad en la cocina y de lograr aún así no salirse del presupuesto?

¿De su maña para los trabajos manuales? ¿De que no sólo sabe arreglar dobladillos y cremalleras, sino que echándole imaginación puede diseñar disfraces? ¿De que la costura es para ella como un arte?

¿De que es difícil que no conozca un remedio casero para ese dolor/mancha/rotura? ¿De que sabe de tareas tradicionalmente masculinas como albañilería, carpintería o fontanería? ¿Y que encima se le dan bien?

¿De que nos cuida a todos como sólo una madre saber hacerlo, con esa eficacia y cariño que hace que te recuperes antes? ¿De que cuando se pone enferma no sólo no disminuye su ritmo diario sino que además se ocupa ella sola de ponerse bien?

¿De que se interesa por todo lo de sus hijas, empatizando hasta tal punto que puede convertirse en fan de un grupo que nos guste, quedarse despierta para grabar una película que nos interese o querer ver todas las fotos de nuestros viajes?

¿De que a pesar de haber sido literalmente apartada de los estudios su afán por aprender nunca ha cesado? ¿De que considera que siempre es un buen momento para conocer algo nuevo? ¿De que su cultura es muy superior a la que derivaría naturalmente de la educación que ha recibido?

¿De que trabaja por y para nosotras? ¿De que nunca se queja de sus maratonianas jornadas? ¿De que es capaz de trabajar en tres cosas diferentes por la mañana, llegar a casa, hacer la comida de todos, fregar y volverse a ir corriendo para hacer otra cosa por la tarde, descansar dos horas y seguir por la noche? ¿De que esto es estrictamente cierto?

¿De que nunca es buena ocasión para comprarse algo pero siempre buena para regalárnoslo a nosotras? ¿De que se preocupa tanto por sus hijas que tiene que recibir las malas contestaciones que en ningún caso deberían ir dirigidas a ella? ¿De que por su esfuerzo mi hermana y yo conocemos la vida universitaria fuera de nuestra ciudad? ¿De que nos ha otorgado toda la libertad del mundo?

Y en cualquier caso… ¿por qué hacerlo público para gente que ni siquiera la conoce? Entre otros motivos, porque mi madre es fan de mi blog…

Gracias

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You may say I’m a dreamer

Enero 7, 2008
Intentaba conseguir atención mediante un mar repleto de ballenas pequeñas y un dibujo de Miguel el Torero.
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Las gemelas de Los Palacios abandonaban Gran Hermano tras confesar entre lágrimas su condición hermafrodita.
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Mis padres decidían comprar una nueva casa y a mí me parecía un horror cuando iba a visitarla y me estresaba tener que mudarme. No me gustaban las vistas, la cocina era marrón y además estaba sucia, el salón era feo…
Cuando entraba en mi habitación, que me parecía rectangularmente pequeña, me conformaba porque me daba cuenta de que a la derecha, no visible a primera vista, había una biblioteca muy grande, repleta de baldas. Mi madre me decía que no me quejara, que ahí tenía sitio para guardar todos mis libros, vídeos y deuvedeses y para hacer gimnasia en el suelo entre estantería y estantería…
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¡Conocí a Katie Holmes! La alcanzaba mientras llevaba la compra a su coche en un aparcamiento subterráneo y le contaba lo mucho que significó para mí su interpretación de Joey en Dawson’s creek. Después intentaba recordarle las pelis en las que la había visto actúar y me habían gustado pero estaba bloqueada por los nervios y sólo acerté a decirle Wonder boys, así en inglés, como todo lo que le contaba, aunque esa sea una peli que no me gustó nada (al igual que casi todas las que ha hecho).
A pesar de mis intentos desesperados por pronunciar bien para que me entendiera, parecía que la estaba cayendo simpática, me sonreía mucho. Y llevaba el pelo largo, como cuando la conocí. Ni rastro del look Victoria Adams wannabe que luce ahora.
Cuando llegaba Tom Cruise con sus tres hijos (porque Suri era la mayor pero había dos más), yo ni le saludaba. Él notaba mi antipatía y tampoco me decía nada. Además le había confesado a su mujer que con quien me gustaría haberla visto casada era con James Van Der Beek. A partir de este momento, sólo recuerdo los gestos de profunda infelicidad y hartazgo de Katie cada vez que hablaba Cruise o sus hijos hacían alguna tontería, reflejados en su espejo retrovisor.
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A mi jefe le da la venada de ordenar toda la oficina y me pide a mí que le ayude. Me pongo a ello, preguntándole continuamente dónde pongo cada papel. Llega el momento en el que se va mi compañero, me escribe una nota de despedida, nos decimos adiós. Y viene mi hermana. Y mientras mi jefe está venga a explicarme cómo tengo que hacer lo que tengo que hacer, mi hermana no para de hablar. Y yo: “Bea, por favor, espera, que estoy trabajando”. Y mi jefe empieza a explicarme de nuevo y mi hermana le interrumpe. Así varias veces hasta que ya, casi histérica, la pido que no de una mala imagen de la familia. Mi jefe me mira como con pena y se va. Y lo único que mi hermana quiere decirme es que un amigo me está esperando fuera. Y yo no la escuchaba porque estaba preocupada por el trabajo. Pero finalmente me voy con mi hermana y más amigos que han ido a buscarme. Y es un alivio.
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Vuelvo al colegio y me encuentro a quien no quiero encontrarme y además voy con pantalones cortos y las piernas llenas de pelos  
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Me encargan cuidar de un montón de peces que están en dos neveras grandes  y que tienen poquísimo agua, al menos insuficiente para que sobrevivan. Y yo no puedo ocuparme de ellos continuamente, tengo algo importante que hacer. Así que voy y vengo y cada vez que me acerco a ellos encuentro más peces muertos. Además, algunos de los muertos más grandes y que se encuentran en la parte inferior tienen caras humanas, aunque parecen dormidos plácidamente. No para de escaparse el agua de las neveras y yo soy consciente de que estoy dejándoles morir pero no se me ocurre qué hacer, como si no existiera ninguna solución. Gemma de Parchís está por allí vestida de verde y de niña, aunque no sé cuál es su papel en toda la historia.
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Estoy enfadadísima con mi hermana y mis amigas del pueblo porque les he dejado mi bolso para que me lo cuiden mientras hago no sé qué y han aprovechado para cogerme dinero de la cartera y pedir un montón de comida en un restaurante. Cuando llego donde están me doy cuenta de que ni siquiera me han guardado nada. Y es la segunda vez que ocurre. Después, comiendo con la familia en otro local, y debido a que tienen mucha prisa por marcharse, me quedo sin probar la exquisita variedad de postres que prometía la carta. Estoy decepcionada porque a nadie parece importarle.
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Mientras caminaba delante de mí dándome la espalda y recordándome (quién sabe por qué) a “El maestro de escuela” de Magritte, me he pasado un buen rato tocándole el pelo a Ringo Star para intentar atusárselo, porque lo tenía muy enredado y porque quería comprobar su tacto. Y tras una pequeña caminata en dirección al resto de Beatles, Ringo se ha colocado entre sus compañeros para que un amigo les hiciera cantidad de buenas fotos para mí.
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Tenía un bebé, una niña recién nacida, pero mucho más pequeñita de lo habitual. Mi hija llegaba de pronto a mi vida, aunque yo no había dado a luz. Ni siquiera tenía padre, era sólo mía. La niñita tenía que pasar todo el tiempo con una de sus dos orejas pegadas a mi corazón mientras yo la tenía en brazos, porque si dejaba de escuchar mis latidos, moriría. Así que no me despegaba de ella ni de día ni de noche. Yo la adoraba, pero sentía que mi vida como tal se había terminado. No podía hacer un montón de cosas porque vivía pegada a ella. Por suerte, alguien de mucha confianza me hizo descubrir que era la única persona capaz de sujetar a mi hija tal y como lo hacía yo sin que a ésta le ocurriera nada malo. Y fue un alivio compartir la responsabilidad.
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La Navidad, 2ª Parte

Diciembre 30, 2007

Recojo el texto de un amigo que ha expresado con claridad y por escrito algunas de sus reflexiones acerca de la Navidad. Porque no todo son caretas teatrales de felicidad.

“Ooooooootra vez la navidad, otra vez la locura y el desenfreno consumista, un año mas y ya van 32 escuchando las mismas putas frases hechas de la masa borreguil. Acaba uno hasta los cojones de escuchar durante una mañana entera: “¿No te ha tocado la lotería?” “Que pases una buena noche si no te veo” “Igualmente” (bla bla bla) “Feliz noche” “Que lo pases bien” “Cuidado con la bebida a la noche” “Que tengas una feliz salida y entrada de año” (¿Qué coño es esto? Me gustaría saber a dónde entramos y de dónde salimos para decir semejante gilipollez… ¿es que acaso no nos acostamos en la cama y nos despertamos en la misma cama haciendo las mismas jodidas cosas?)

No hablemos de quedarse hasta las 9 de la noche mamando en los bares porque sí, para seguir mamando en casa después y para seguir mamando por la noche. No hablemos de ir por la calle con el gorrito de Papa Noel, sobre todo gente talludita que debería pensar en que la edad de hacer el ganso por la calle pasó. Del no saber hacer otra cosa que gastar la manteca en trajes para Nochevieja… (¿No tienes ropa en casa?)

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Comer sin sentido, comprar los juguetes o cualquier otro tipo de artículo porque te lo dice la tele. Más frases… ¿vas a ir de cotillón? ¿Que tal te dejó el año? ¿Qué le has pedido a los reyes? ¿Has sido bueno? ¿Qué le has comprado a tu chica/co? Ufffff de verdad, es algo que nunca llegaré a entender. Lo cojonudo es que yo caigo muchas veces en este error, pero bueno.

Ah, se me olvidaba la “maravillosa” programación de televisión de la que disponemos… PARA PEGARSE UN TIRO. Mira quien baila, Gran Hermano, Los Morancos, Cruz y Raya, Ramón García y otros haciendo el mono el día de las campanadas y toda esa clase de polladas que hacen que nos traguemos, aunque en realidad aquí viene la gran pregunta… ¿ALGUIEN LO VE? Poneros en situación, un mínimo de 8 – 10 personas por casa en las que en muchas de ellas no faltaran críos… Unos a otros contándose las aventuras porque hace no se cuánto que no se ven, los críos pegando voces, los padres de los críos pegando voces a los mismos para que no peguen las ídem, etc. Os dais cuenta, ¿verdad?

Y todo esto a lo que llamamos navidades no es mas que una maniobra para justificar un gasto inmenso y en muchas ocasiones innecesario para enriquecer a unos pocos. Y estoy por apostar que más de un 80 % de la población no saben qué coño son las navidades y qué puñetas se celebra y por qué…

Tengo la desgracia de caer en ciertos momentos en este entramado.

En fin, que no voy a volver loco al poco personal que haya tenido la paciencia de leer esto, ya que es una segunda parte de lo escrito hace exactamente un año…

Que seáis felices…”

Jorge, 2007

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“Genialidades”

Diciembre 30, 2007

«Me pareció fascinante cómo, cuando estábamos hablando de cosas terrenales, tú, con la mirada perdida, exclamaste: “¡Tengo que hacer un experimento!” Porque así son los genios: su cabeza no está hecha para los temas cotidianos. Es por eso que te digo que no eres capaz de hablar de temas normales. Tú siempre en tu mundo…

Puede que fuera horrible para Gala (al menos al principio). O quizá su vocación era ser la pareja de un genio. Soportar sus locuras, sus injusticias, incluso sus vejaciones. Todo en pro del arte y la creación. Los genios son infieles, desastres para la cotidianeidad, egoístas, desordenados, incapaces de hacer una simple compra. Su mente está reservada para objetivos más elevados.

Así que se me ocurrió que quizá mi aportación al arte sea ser tu compañera, para ocuparme de todo eso. No estás hecho para la vida mundana, lo sabes, ni para tu tiempo ni para la realidad que vivimos. Igual es que tengo que ser como Ona y tener una hija como Geraldine…

Las mujeres de estos personajes han tenido que ser pacientes, soportar mucho y quererlos a pesar de todo. Para que se pudieran desarrollar. Inteligentes pero no creativas, dedicadas a fomentar el arte de ellos y recopilar su obra, guardarlo todo. Y es gracias a ellas que mucho se conserva.»

Odious and unpleasant child Arsecrack

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 Foto: Fragmento de Autorretrato, circa 1921, Salvador Dalí

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Simbiosis

Diciembre 21, 2007

Ayer descubrí el lado amable de las ruedas de prensa. Estoy acostumbrada a que éstas sean actos aburridos, previsibles, sin emoción, donde la información se conoce de antemano y que sobre todo en mi ciudad, nunca o casi nunca favorezcan el acercamiento a personajes interesantes.

Pero es que ayer viví en mis propias carnes las ventajas del poder de los medios de comunicación. Al mediodía se presentaba la nueva programación del Palacio de Festivales para 2008. Y allí me presenté, yo que apenas conozco a nadie del mundillo, dispuesta a obtener una información muy valiosa para estos días de sequía informativa.

La rueda transcurre como tantas otras, con el punto a favor de la brevedad. En cuanto termina, y viendo que los periodistas nos estábamos ya colocando el abrigo para “huir” (era hora de comer), el director del Palacio se me acerca y me pide -casi me ruega, me vería las ganas de irme-, mientras mira también al resto: “no os vayáis corriendo, por favor, quedaos a tomar algo”.

Y para asegurarse de que nos quedábamos, no sólo nos hizo esa invitación, sino que además el Consejero de Cultura nos fue pasando una bandeja con canapés, la encargada de prensa del Palacio nos entregó bolsas con regalos (botellas de vino, marcadores de libros, bufanda, guantes y gorro de lana), nos ofrecieron barra libre de varias bebidas, etc. al tiempo que el director iba dejando caer como quien no quiere la cosa: “aperitivos de calidad, COMO NUESTRA PROGRAMACIÓN”.

¿Tantas atenciones para favorecer la imagen de la insititución ante los medios? Supongo que resultará rentable, por algo lo hacen, claro. Yo me quedo con esa sensación extraña, casi grotesca, de encontrarme en medio de aquel lujo, cargada de regalos, sin conocidos a la vista, pero hablando con quien tenía más cerca, mientras el tío del que depende la Cultura, el Turismo y el Deporte de Cantabria me servía un aperitivo. Ya podían ser así todas las ruedas de prensa.

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La venganza de la Petra

Noviembre 29, 2007

Si escribiera tan bien como Reverte, lo podría haber firmado yo. Pero hasta que lo consiga, me conformo con reírme a carcajada limpia con sus acertadísimas palabras.

 El mundo se hunde y nosotros nos enamoramos. Ni los pantalones vaqueros respetan ya estos hijos de la gran puta. Antes era el color lavado o sin lavar, y ahora, el ancho de pata. Tendrían que ver ustedes la cara, mitad conmiseración profesional y mitad coña marinera, con la que me mira el vendedor. «Pues va a ser que no, señor Reverte –dice–. Esta temporada, todos vienen con dos centímetros más, por lo menos.» No puede ser, balbuceo con cara de panoli. Llevo el mismo ancho de pata, o de pernera, o como se diga, desde que el cabo Finisterre era soldado raso. Y busco los de siempre: normales, de faena. De toda la vida. «Pues es lo que hay –responde mi interlocutor–. La moda es la moda.» Y cuando, hecho polvo, dejo los pantalones y me dispongo a tomar el portante, añade: «Es que es usted un antiguo, señor Reverte».

Total, que salgo a la calle blasfemando de los vaqueros, de la moda y de quienes la inventaron, mirando para arriba a ver si cae fuego del cielo y nos vamos todos a tomar por saco con las patas anchas de los cojones; pero lo que cae es una manta de agua y todos van con paraguas, y cuando miro para abajo sólo veo tejanos de patas anchas, arrastrados, pisándose el dobladillo o el deshilachado, que ésa es otra. Y como el suelo está mojado, sus propietarios van empapados hasta las rodillas, felices de ir chapoteando, chof, chof, con sus pantalones a la moda de la madre que me parió. Sobre todo las propietarias, porque las perneras acampanadas les encantan sobre todo a ellas, cinturas bajas y pata de elefante, favorecidas y elegantes que echas la pota, amén del companaje para completar figurín. Que parece mentira que haya mujeres capaces de ponerse prendas que les caen como una patada en la bisectriz, sólo porque el modisto de moda necesita trincar cada temporada y Victoria Beckham –esa especie de Ana Obregón vestida de Sissi Emperatriz por el estilista de Barbie, o viceversa– sale en el ¡Hola!

Pero así funciona el asunto, creo. A Roberto Pastaflori, a Danti y Tomanti, a Rodolfo Langostino o a cualquier otro modisto puntero, o diseñador, o como carajo se llame ahora el antaño honorable gremio de la sastrería, se le ocurre una imbecilidad para epatar en la pasarela de Milán, verbigracia, que los hombres lleven la bragueta abierta con calzoncillo de camuflaje multicolor, que las mujeres usen ropa de minero asturiano y se calcen un pie con zapato de tacón aguja y el otro con sandalias apaches, o lo que sea, y no les quepa duda de que, durante los meses siguientes al desfile correspondiente –páginas de Cultura de los periódicos, ojo–, todo cristo, ellos y ellas, irán, o iremos, por esas calles con la bragueta abierta dos palmos lanzando pantallazos fosforito, los pavos, y las pavas con casco del pozo María Luisa y cojeando a la moda divina de la muerte, tacón, sandalia, tacón, sandalia, encantados de habernos conocido. Y si sólo fuera indumento, todavía. Los arcanos de tales dictaduras, alegremente aceptadas, son muchos e insondables. Pero ahí están, y vienen de antiguo. Todo empezó a fastidiarse, sospecho, el día en que la primera marquesa gilipollas –francesa, supongo, la Pompadour o una de esas zorras– hizo sentarse a su mesa, dándoles conversación, a su modisto, a su peluquero y a su cocinero.

También albergo otra sospecha tenebrosa, que tiene que ver –usando una perífrasis delicada que no alborote mucho el gallinero– con las distintas aficiones y posturas de cada cual respecto al acto venéreo. Dicho de otro modo: lo que abunda entre los modistos no es el estilo camionero tipo Rusell Crowe, sino más bien el Chica Tú Vales Mucho. Pensaba en eso el otro día, hojeando un reportaje sobre quienes dictan la moda de nuestro tiempo. Las fotos eran reveladoras: Jean Paul Gaultier con botas de piloto intrépido acordonadas hasta las rodillas, jersey malva y pantalón de reflejos violetas, John Galiano con melena rubia y rizada hasta la cintura, sombrero de gánster, fular blanco y camiseta negra de pico, Valentino peliteñido, clásico y sobrio como la vida misma, Karl Lagerfeld –aparte esa pinta simpática que tiene, el jodío– con botas de montar, cuello duro, una sortija en cada dedo, una calavera en la corbata y una cadena de bicicleta a manera de cinturón. También venían un par de fulanos más cuyos nombres no retuve, uno con gomina amarilla y las rótulas depiladas asomándole por agujeros de los vaqueros, y otro vestido de Isadora Duncan que iba montado en patinete. Para mí, deduje tras mucho mirarlos, lo que son estos fulanos son unos cachondos. En el fondo –y en la forma– odian a las tías. Y se están vengando.

(Arturo Pérez-Reverte, abril 2007)

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Foto: dibujo de Sarah Kay