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Algunos textos para clase de los últimos años

agosto 28, 2005


Columna de opinión sobre la cuarta edición de Gran Hermano (2002)

Cuarta edición de Gran Hermano

Con tres no basta. No repuestos aún de las bellas expresiones que la andaluza Patricia dedicaba por doquier, debemos enfrentarnos a una nueva tanda de personajes, doce jóvenes "admirables" dispuestos a embarcarse en la aventura Gran Hermano. Y digo admirables por la valentía que demuestran los candidatos de esta cuarta edición así como la que mostraron los de la segunda y tercera. Porque visto el escándalo que quienes entran en la famosa casa suscitan, se debe ser valiente para atreverse a repetir la agitada aventura.

Los jóvenes que participan en Gran Hermano saben que tendrán los próximos años de su vida arreglados económicamente, ¿pero no es más caro el precio que tendrán que pagar por ello? ¿Cuánto cuesta la pérdida de la intimidad? ¿Y cuánto el sumergirse en una vida pública sin haber hecho nada más que entrar en una casa, comer, dormir y discutir durante unos días? El precio será, probablemente, bastante caro para los doce nuevos chicos y chicas. Teniendo en cuenta que los elegidos suelen ser modelos de juventud, es decir, aplicados estudiantes o trabajadores que han hecho una pausa en su desarrollo profesional para enriquecerse personalmente con la experiencia, será muy caro.

Pero el alto precio que pagarán no es causa, desgraciadamente, del irónicamente mencionado nivel intelectual, supuestamente exigido para ser concursante del programa. El desembolso no será económico (al menos únicamente), porque se verán envueltos y atrapados en el peligroso mundo de la fama y su doble filo. Sí, contratos, trabajos y dinero, pero a la vez, críticas despiadadas, perseguimiento de los periodistas de la prensa rosa y todo tipo de conflictos. Ahora surge otra pregunta, ¿pueden llamarse representantes de la juventud doce personas que se limitan a buscar un dinero y una fama vacíos? ¿Es así como somos los jóvenes? Me gustaría pensar que no.

Laura García Pérez

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Crítica corta de Te doy mis ojos, de Iciar Bollaín (2003)

 

Cuando el amor no es suficiente

Te doy mis ojos

Nacionalidad: España; Dirección: Iciar Bollaín; Guión: Icíar Bollaín, Alicia Luna; Fotografía: Carles Gusi; Música: Alberto Iglesias; Montaje: Ángel Hernández Zuido; Producción: Santiago García de Leaniz, Enrique González Macho; Intérpretes: Laia Marull, Luis Tosar, Candela Peña, Rosa María Sardá, Kiti Manver; Año: 2003; Duración: 106 minutos.

Te doy mis ojos es el fruto de un intenso trabajo de investigación de Iciar Bollaín. La madrileña retoma la temática de su cortometraje Amores que matan (2000) para introducirnos de nuevo y con una mayor preparación en el tortuoso universo de la violencia de género. Esta vez Bollaín no se limita a presentar el problema, sino que profundiza también en sus causas. Se nos da a conocer su verdadera dimensión mediante una pareja que se quiere y un marido que intenta cambiar y se nos ofrece una multitud de puntos de vista que favorecen la total ausencia de maniqueísmo. La directora cuenta una historia en absoluto innovadora permitiendo que el espectador sienta que descubre nuevos aspectos de la misma.

Huyendo de la morbosidad que tan fácilmente puede incluirse en obras con esta temática, Bollaín se centra en el aspecto psicológico de los maltratos y en las causas que impulsan el comportamiento del agresor. De hecho, la película comienza en el momento en que Pilar, la protagonista, huye de su hogar después de haber sufrido la última paliza. Nos sumergimos entonces en el proceso de desamor de una mujer testigo de cómo las sesiones de psicólogo de su marido no dan el fruto esperado.

El excelente trabajo interpretativo de los protagonistas y una banda sonora que acompaña con sumo lirismo los momentos más dramáticos permiten la cercanía e identificación con los personajes y nos hace sufrir por un amor imposible a pesar de su fuerza. La dureza de la temática es compensada con el humor que la directora introduce, siempre de manera discreta y con mesura.

Con Te doy mis ojos podemos sufrir, podemos reir, pero, ante todo, podemos tomar esos ojos que se nos ofrecen para introducirnos en la mente de un maltratador que intenta con notable esfuerzo no destruir lo más importante de su vida.

Laura García Pérez

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Columna de opinión sobre María Teresa Campos (2002) 

Criterio

María Teresa Campos ha decidido hacerse respetable. No más Gran Hermano en Día a Día. Esta es la decisión que ha tomado para alejarse lo más posible del tema. Y todo porque a una de las ex-grandes hermanas la ha contratado otro de los magazines de la cadena. El problema no es, afirma, que se la hayan adelantado, sino que el mencionado nuevo fichaje no es merecedor de su puesto.

La Campos se comporta como un juez supremo. Una señora que contrata a Rociíto y Alessandro Lequio dice ahora que Sonia, la primera expulsada de Gran Hermano IV, no tiene la categoría suficiente para trabajar en televisión. Las declaraciones sobre sus relaciones con Bertín Osborne, amigo de la presentadora, la han crucificado. Pero recordemos que muchos concursantes del conflictivo espacio tienen todo el derecho de aparecer continuamente a su lado. No nos engañemos. Esta mujer contrata según sus amistades, preferencias y las necesidades de audiencia del momento.

No dudo de la calidad humana de la “periodista”. Está claro que si alguno de sus amigos necesita dinero, probablemente encuentre trabajo en Día a Día; como comentarista de la boda de turno o como improvisado intérprete. ¿Qué pretende demostrar eliminando de su espacio lo relacionado con Gran Hermano? Su programa no dejará de desprender su característico tufillo rosa. Quizá a muchos de sus seguidores les parezca una decisión admirable y coreen ¡Viva Teresa! mientras hacen zapping buscando dónde les hablen de lo eliminado por su musa. Mientras tanto, la coherencia de Maria Teresa le ha permitido una buena bajada de audiencia. Bien por ella.

Laura García Pérez
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Crítica corta de Mystic river, de Clint Eastwood (2003)

 Río fatal

Mystic River

Director: Clint Eastwood; Guión: Brian Helgeland; Producción: Robert Lorenz, Judie G. Hoyt, Clint Eastwood; Reparto: Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon

Clint Eastwood vuelve a situarse detrás de la cámara para presentarnos una radiografía de las consecuencias de la pederastia y la violencia, que gracias a su aparente sencillez acerca este terrorífico problema al espectador. El drama, construido como un thriller policiaco, permite a un mismo tiempo la intriga y la fluidez de acontecimientos, que parecen querer anticipársenos mediante la oscuridad, la grisura y el pesimismo que rodea la ambientación de la película.

Demostrando su dominio maestro de la cámara, Eastwood nos introduce desde el principio en un ambiente cerrado, en una población humilde testigo y a su vez condicionante de los fatales futuros de los protagonistas. Tres niños que juegan en la calle ven marcado su destino por un suceso fatal. Estos tres amigos, interpretados en su edad madura por Sean Penn, Kevin Bacon y Tim Robbins, viven condicionados por el entorno que los rodea, ese río místico que da nombre a la cinta. Su negrura y suciedad representa el oscuro suceso que los une y del que no pueden escapar.

Para compensar la falta de efectos especiales y florituras visuales, la película cuenta con un reparto completado por Laurence Fishburne o Laura Linney, que ofrecen una interpretación lo suficientemente profunda como para que la película hable por sí misma. El director de Sin perdón, Los puentes de Madison o El jinete pálido prescinde de la violencia excesiva y narra con parquedad una historia con tono de crítica que deja que se entrelacen multitud de subtemas, como la pérdida de la inocencia, los abusos de poder, la familia, la amistad o la violencia. Más que recomendable.

Laura García Pérez

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