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Muerde el ladrillo

febrero 10, 2006

 

Muerde el ladrillo

Nota personal: 7
España, 2005, 36 minutos. Dirección: Manuel Lasaga

 Bienvenidos al Séptimo Arte

 De las muchas clasificaciones que podrían hacerse en el cine existe una que es clave para diferenciar si nos encontramos ante una película justa o no, que es la que atiende a los delirios de grandeza de una producción dentro de sus posibilidades. En este sentido tenemos dos tipos de cine: aquél que tiene muy altas pretensiones y el que carece de ellas. Muchas superproducciones americanas recientes (y no citaré títulos) caen en un error fundamental: aspirar a mucho y quedarse en nada.

 La ópera prima de Manuel Lasaga, difícilmente clasificable en cuanto a metraje (no sé si es un largo, un medio o un corto, pero lo mismo da), sí puede fácilmente clasificarse en cuanto a sus aspiraciones artísticas y conceptuales. En ningún segundo de los 36 minutos que dura “Muerde el ladrillo” puede apreciarse esa tendencia actual de las primeras películas de algunos directores a dejar huella, en ningún instante se la puede acusar de aparentar lo que no es, y en ese sentido es una película absolutamente humilde y consecuente con sus posibilidades, y ante todo justa consigo misma.

 La idea de “Muerde el ladrillo” está clara desde el principio: su protagonista atraviesa una dura etapa de crisis en la que no importan las razones, simplemente las consecuencias. A la par se desarrolla una ambición por la experimentación que atrae más que crea repulsa. Porque “Muerde el ladrillo” es eso, un experimento estimulante no sólo sobre cómo un ser absolutamente torpe y despreciable puede encauzar su vida de la manera aparentemente más tonta (aunque más de uno debería morder de vez en cuando el ladrillo), pero sobre todo es un experimento cinematográfico, un extraño híbrido entre cine puramente voyeur y película cargada de conceptos, en un ejercicio de descubrimiento personal del séptimo arte.

 Rodada en vídeo con supuestos pocos medios, la película se hace respetar de la misma manera que respetamos y nos divertimos con esas películas caseras hechas entre amigos, esas que con los años miramos con añoranza. Su sucesión de personajes pretendidamente freaks (entre ellos Carlos Ortega, auténtico profesor Miyagi lleno de naturalidad, carente de cualquier atisbo de preparación previa y auténtico agujero negro en las escenas en las que aparece) y su montaje audiovisual lleno de planos experimentales no están muy lejos de los trabajillos que en su momento hicieran en vídeo también los ahora reconocidos Steven Spielberg y M. Night Shyamalan, o incluso nuestro Alejandro Amenábar, en sus tiempos de juventud.

 Con todo, “Muerde el ladrillo” debería ser distribuida como merece, como la primera cinta de un director que empieza, porque es con este tipo de películas, ésas que suponen un ejercicio de experimentación constante, con las que realmente se entiende de qué va esto del cine.

 ATENCIÓN: ESTA PELÍCULA NO SE ENCUENTRA EN CARTEL; LAS PERSONAS INTERESADAS EN VERLA QUE SE PONGAN EN CONTACTO CONMIGO

 Gerardo Medina

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One comment

  1. Buscando algo que destacar en tu espacio me ha sido difícil quedarme con algo. La principal diferencia entre el tuyo y el mío, y es algo que al tuyo hace enorme, es que e sun espacio personal. El mío intenta serlo en ocasiones, pero es más bien informativo y descentralizado, aunque a veces se le ve esa vena saliente de hablar de lo que me da la gana y cuando me da la gana. En tu espacio hay de todo, y sería imposible quedarse con una sola cosa. La selección de cine hecha es personal pero coincido en muchísimos de los títulos, la selección de libros es formidable, haciendo un huequito a mi querido Gabo, etc.
    Pero si algo me ha impactado de tu espacio es haberle dedicado un hueco a esa gran obra que es Muerde el ladrillo. Cada vez somos más, y eso me llena de felicidad, los que hemos aprendido a morder el ladrillo, y la ópera prima de Manuel merecería estar en un lugar todavía más merecido de aquel en que se encuentra. No obstante, cuando llegue a dicho lugar merecerá estar más arriba aún.
    Aplaudo por tanto tu espacio por su personalidad, por la variedad de registros que aborda y por dejar un huequecito a esa enorme película que es Muerde el ladrillo. Porque sí, muchos debuts tienen ese afán de pretensión. Muerde el ladrillo no quiere dejar huella, pero indiscutiblemente la deja. Y he ahí el logro.
    A más ver, G.



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