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That’s dancing!

marzo 7, 2007

That’s dancing, 1985

– Dirección: Jack Haley, Jr
– Producción: David Niven, Jr, Jack Haley, Jr y Gene Kelly
– Guión: Jack Haley, Jr
– Música: Henry Mancini
– Apariciones especiales: Mikhail Baryshnikov, Ray Bolger, Sammy Davis Jr, Gene Kelly, Liza Minelli

Partiendo de una presentación de la danza por parte de Gene Kelly, That’s Dancing repasa, de forma descriptiva y cronológica algunos de los mejores momentos de las películas de dicho género. Las declaraciones de cuatro destacados bailarines (Mikhail Baryshnikov, Ray Bolger, Sammy Davis Jr y Liza Minelli) y del propio Gene Kelly sirven para dividir el relato en partes y ahondar en cada una de ellas: desde los orígenes del baile en el cine, pasando por los musicales de los 30, el ballet clásico, el periodo MGM y el camino de Broadway a Hollywood hasta llegar a los musicales modernos.

Los materiales empleados son imágenes de archivo y testimonios de expertos, rodados contemporáneamente a la realización del proyecto. Gene Kelly actúa como narrador principal que introduce y despide el documental, y constituye el hilo conductor, que va cediéndole la palabra por turnos al resto de narradores. A veces contamos con su imagen y su voz y a veces sólo con sus palabras, pero no desaparece del todo en ningún momento.

La voz de Gene Kelly, aunque permite que otras tomen el protagonismo momentáneamente, vuelve a hacerse presente de vez en cuando y es la que despide el documental. El timbre de su voz representa un sonido especial para quienes admiran el cine musical. Cantando bajo la lluvia, interpretada por él, es un lema universal y fácilmente identificable.

Así y en mi opinión, confiere autoridad al documental. Estamos hablando de uno de los bailarines más innovadores, junto a Busby Berkeley, que renovó plástica y visualmente, y a Fred Astaire, que asentó una angulación de cámara que permitiera al objetivo captar el cuerpo completo del bailarín para apreciar el movimiento en toda su plenitud.

Gene Kelly llevó el género por otras vías, sentando las bases del musical moderno: sacó el baile a la calle, hizo predominar localizaciones menos favorecidas socialmente (en comparación con los lujosos escenarios por los que se desenvolvía Astaire) y a partir de On the town (Un día en la ciudad), asentó la idea de que la forma en un musical es el fondo, que no se trata de que la primera prevalezca por encima del segundo, sino de que vayan unidos. Los grandes números de baile se acoplaron a la estructura narrativa, el musical no pudo prescindir ya de la historia contada, ni la historia del musical.

El hecho de que Gene Kelly reaparezca constantemente permite que el documental tenga ritmo musical, como el tema del que trata. That’s dancing tiene su propio ritmo. Podría verse un paralelismo en él con una canción: Gene Kelly es una especie de estribillo y el resto de narradores estrofas.

Además, al tratar de recoger una visión amplia del baile cinematográfico, que comienza en los orígenes del séptimo arte y termina en la actualidad del momento de su realización (década de los ochenta), Gene Kelly es en mi opinión una de las figuras más adecuadas. Su trayectoria abarca cuatro décadas, desde los cuarenta hasta los ochenta, comenzando en el momento en el que todavía no se ha desarrollado el musical moderno y aportando él un empuje considerable al mismo. Uno de los nexos fundamentales entre el musical antiguo y el moderno sirve en That’s dancing para unir también las diferentes épocas de las que rescata números imprescindibles.

Gene Kelly, aunque parte imprescindible del universo del que se habla en That’s dancing, no pronuncia palabras que valoren, favorable o desfavorablemente, el mundo del que habla. En todo momento se limita a exponer su evolución. Aún así, los narradores son parte del universo del documental y su presencia de algún modo significa una cierta parcialidad. Si unos bailarines nos hablan del baile, es difícil que participen de comentarios, aunque guionizados, totalmente objetivos de su medio de vida.

No es un documental para el gran público. No es probable que los espectadores aficionados a los musicales contemporáneos a su realización se sientan interesados por una recopilación de los antepasados de esas obras. El musical de los ochenta está influenciado por el videoclip y consta de unas coreografías totalmente diferentes a la época dorada del musical debido a una fuerte evolución en el tipo de música también.

Hablamos de un género puramente americano. Solamente el western es tan inequívocamente americano como el musical. El concepto del espectáculo que impera en todos los aspectos de la sociedad estadounidense alcanza uno de sus máximos exponentes en el cine y, dentro de él, en las elaboradas coreografías, las melodías inolvidables y -simplemente- las obras maestras que ha dado el musical.

El documental está realizado por el mismo equipo que hizo That’s entertainment!, That’s entertainment! II y That’s entertainment! III, una serie de recopilaciones de momentos estelares del cine musical. That’s dancing podría considerarse parte de la misma serie aunque con diferente título, y en este caso y a diferencia de sus predecesoras (las dos primeras partes de That’s entertainment!), cuyo objetivo era aumentar el rendimiento de MGM, ésta ofrece imágenes de Warner Brothers también.

Dejando a un lado la motivación económica así como la sentimental (los implicados son bailarines, familiares de bailarines o gente relacionada estrechamente con el baile cinematográfico), considero que el mensaje que trata de transmitir al espectador de los 80, es que todas esas películas musicales de los 30, 40, 50 y 60 no están tan muertas como la gente piensa y que tienen tanto ritmo como la música que está de moda en su momento. Y al espectador de 2006 le recuerda que existe un género en el que se han desarrollado verdaderas maravillas, un género para el que se reunían a equipos técnico y artístico profesionales del medio musical, cuyas obras urgen ser revisitadas, sobre todo si la única referencia que se tiene de este tipo de creaciones son las superproducciones musicales realizadas en las dos últimas décadas. Superproducciones que cuentan con profesionales del medio cinematográfico, pero no musical.

Y es que los descendientes de Cantando bajo la lluvia o Melodías de Broadway no dan el mismo protagonismo al baile y la canción, se tratan en muchos casos de películas con canciones, no musicales, sin juzgar aquí la temática concreta de cada film.

La intención de revitalizar el género y recordar a los espectadores su valía se puede observar en los siguientes detalles:

• Los seis personajes que hablan, que vistos sin ningún complemento, reflejan poco entusiasmo y parecen estar de capa caída, aparecen presentados por imágenes de archivo de su época de esplendor, en algún punto álgido de su carrera.
• Gene Kelly aparece después de que los bailarines de break dance pasen por delante de la cámara, en lo que podría ser una manera de dejar claro que esas nuevas tendencias le han sustituido. Sin embargo habla mientras a su espalda hay una pared de graffitis, lo que a mi juicio trata de modernizar su imagen para que cuando a continuación comience a relatar la historia de la danza, nombrando a gente como Lubistch o Berkeley, las palabras provengan de una persona que vive en su tiempo.
• Sammy Davis Jr. aparece en una escuela de danza, rodeado de jóvenes aprendiendo a bailar.
• Baryshnikov aparece tras una exitosa actuación seguida del aplauso enfervorecido del público.
• Ray Bolger aparece en una sala de cine vacía, contemplando la pantalla, al estilo de los productores en los visionados previos al estreno.
• Liza Minelli aparece con Broadway de fondo, un Broadway lleno de vida, luz y música.
• Cuando reaparece Gene Kelly casi al final de la película, lo hace saliendo de un estudio a la calle, recordándonos uno de sus grandes logros: el baile callejero. Éste conecta además mucho con uno de los emblemas de la época, Fama, donde una de las escenas más famosas nos muestra a un grupo de jóvenes bailando tras, literalmente, salir a la calle. Al mezclar imágenes de musicales antiguos con los de los nuevos (tanto en las escenas que acompañan la canción que abre el documental como para terminar el mismo) se moderniza lo viejo y se trata de transmitir la idea de que no es aburrido ni está pasado de moda. Ante todo esto, se trata de reivindicar el baile como forma de expresión.

El documental está realizado en 1985, un año en el que no se hacían tantos musicales como cuando el género comenzó a despuntar y alcanzó su plenitud. Hay que añadir a este hecho que a partir de finales de los setenta se produjo una crisis de los géneros cinematográficos. Lo que hasta entonces era un sistema perfectamente organizado y delimitado fue quebrando de manera progresiva. Esa manera de clasificar las películas y caracterizarlas para orientar a los estudios y a los espectadores, servía para reconocerlas de manera instantánea. Los estudios repartían sus inversiones entre géneros para adaptarse a los gustos del público. Algunos incluso se especializan en uno determinado. Así ocurrió con el musical, que contaba con unas señas de identidad que lo hacían ser reconocible: interrupciones en su desarrollo para dar un breve receso por medio de un fragmento musical cantado y/o acompañado de una coreografía. En los comienzos, el fragmento tenía como objetivo impresionar sin mantener mucha conexión con el desarrollo narrativo. Sin embargo, al alcanzar su madurez, se estilizó el género y los números iban más estrechamente ligados a la historia.

El sistema de géneros afectaba a todos los aspectos de la economía global de la industria. La operatividad de géneros funcionaba desde los comienzos del cine, pero fue tras el sonoro cuando adquirió más potencia y relevancia. Sin embargo, That’s dancing está realizado en un momento en que los géneros ya no tienen las fronteras tan claras entre sí. Esto dio más libertad a los realizadores a la hora de crear, pero a la vez perjudicó a un género tan “de productora” como el que nos ocupa. El documental quizá trate de volver a ponerlo de moda.

Además, desde los sesenta, los gustos del espectador habían cambiado. Las producciones más lujosas (West Side Store, My fair Lady, Hello Dolly!), el aumento de los números musicales, los repartos estelares… no eran suficientes para que el género se mantuviera tan arraigado y en boga como en la década anterior. Había perdido su hegemonía.

El documental destaca la importancia del baile como forma de expresión y como bálsamo curativo, como forma de olvidarse de los problemas. El hecho de que sólo nos ofrezca su cara amable, maravillosa, de espectáculo… creo que consigue darle fuerza a esa idea.

That’s dancing
no critica que la mayoría de las películas con baile (salvando excepciones como por ejemplo West side story) no reflejan problemáticas sociales, políticas o la realidad circundante de su época y sirven más bien como evasión. Esta idea queda fielmente reflejada en la cinta Bailar en la oscuridad, de Lars Von Trier, que nos habla del poder de este tipo de películas para abstraernos de la realidad, cuando es dura y poco apetecible y en definitiva, del poder curativo del arte. La película del director danés, que provoca el encuentro entre el cine dogma y el musical, recuerda a los espectadores que este género sirve para buscar la felicidad, en este caso, incluso en situaciones extremas.

Conocemos gracias a películas como Cantando bajo la lluvia lo que ocurría entre bambalinas, bajo la superficie de aparente felicidad. Una estrella cuya voz no es la que el público cree, un durísimo productor poco comprensivo con  las dificultades en el rodaje… Quizá todas estas cuestiones serían tema para otro tipo de documental sobre el baile cinematográfico, muy interesante por otra parte.

Si se le pudiera tildar de algo sería de “superficial” y “parcial”. Entre comillas, porque nadie dicta que no pueda quedarse en un repaso histórico de determinados momentos (cinematográficos o de cualquier otra índole) y tenga que entrar necesariamente en los problemas de los rodajes, las presiones de los productores o la definición del musical, sobre todo en determinadas épocas, como una pieza fundamental del engranaje del sistema de estudios.

Se trata de una búsqueda pormenorizada de las películas en las que el baile es el protagonista o uno de los personajes imprescindibles. Y es un trabajo maravilloso para gente como yo que quiere tener recopilado en un mismo documento escenas de baile imprescindibles y que no pretende encontrar en él las posibles críticas al género.

Gran parte de los musicales estaban ideados por los estudios únicamente para dar dinero. En pocas ocasiones la idea de un autor se plasmaba en forma de musical en la gran pantalla, era más bien una productora que trataba de hacer un proyecto lo más rentable posible. El público americano encontraba en el musical una vía de escape para sus problemas, y en épocas de guerras, era una manera de que la gente olvidara las situaciones socioeconómicas desfavorables.

Otros géneros sí aludían a la guerra aunque de una manera soterrada (ciencia ficción) o de manera directa, constituyéndose casi en panfletos políticos (los documentales propagandísticos). En las películas de ciencia ficción, por ejemplo, el horror bélico, las invasiones… se disfrazan por medio de amenazas del espacio, pero aún así están presentes de esta manera simbólica.

En el musical normalmente no hay referencias, ni de manera leve, a la situación del momento. Los problemas se desvían a través de las canciones, como en el melodrama a través de la historia de amor con final feliz o en el western a través del viaje del héroe o antihéroe.

That’s dancing se queda en la superficie, en el espectáculo por el espectáculo, para reflejar la esencia de un cine que permite que la gente pase un rato agradable evadiéndose de la realidad mientras dura el metraje. Contamos con multitud de géneros que pueden y deben adentrarse en los problemas sociales, en la realidad política, en las más hondas preocupaciones humanas… Y a pesar de que la ausencia de lo anterior se le puede reprochar al cine musical, considero que hablamos de un género que en algunas de sus manifestaciones puede llegar más profundo, pero que su esencia está ahí, en reflejar la belleza de dos de las formas más antiguas de expresión: la música y el baile.

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5 comentarios

  1. “Cuando reaparece Gene Kelly casi al final de la película, lo hace saliendo de un estudio a la calle, recordándonos uno de sus grandes logros: el baile callejero. Éste conecta además mucho con uno de los emblemas de la época, Fama, donde una de las escenas más famosas nos muestra a un grupo de jóvenes bailando tras, literalmente, salir a la calle. ”

    Supongo que, a mi modo de ver, el verdadero pelotazo de Gene Kelly habría sido sacar el baile a la calle realmente, algo que podría haberse conseguido en los 60/70, que en Francia ya habían logrado en los 50, y que incluso en los 80, con Fama, resultaba llamativamente fresco y que (además de por la temática y los personajes) logró sintonizar con muchos jóvenes. Aunque, como me encargé de recordarte, Fama vuelve a ser una película con números musicales que, si los eliminas en una edición, no resta ningún sentido a la historia.

    Pero me ha convencido bastante el artículo, aunque…¿percibo cierto tono a la defensiva? Eso sí, esto no me convence demasiado: “En el musical normalmente no hay referencias, ni de manera leve, a la situación del momento. Los problemas se desvían a través de las canciones, como en el melodrama a través de la historia de amor con final feliz o en el western a través del viaje del héroe o antihéroe.”


  2. Yo creo que aunque los números de “Fama” no sean imprescindibles para el desarrollo narrativo, tampoco rompen el fluir de la historia como podían hacerlo algunos de sus predecesores. Es en ese sentido que lo considero musical moderno.

    El tono no es defensivo, simplemente trato de valorar pros y contras del valioso documental.

    ¿Qué no te convence del párrafo? Sólo nombro géneros que se hacían como churros en época de guerra americana y eludían la realidad del momento mediante sus características propias, ya fuera el amor, la música, o el hablar de épocas pasadas.

    ¿Que mediante todo esto había quien reflejaba simbólicamente su momento? Claro, pero yo creo que los menos…


  3. Gene Kelly en los 40 ya sacó el musical a la calle antes que la Nouvelle Vague, de eso muchos críticos no se acuerdan.


  4. Y usted por qué no actualiza


  5. Demasiadas cosas en mi cabeza ahora mismo, eso sí, sueños bizarros a porrillo



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