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Virtuosismo bajo las ruinas

julio 28, 2007

El pianista, de Roman Polanski                  images5.jpg

Director: Roman Polanski. Guionista: Ronald Harwood. Productores: Roman Polanski, Robert Benmussa, Alain Sarde. Basada en el libro de: Wladyslaw Szpilman. Director de fotografía: Pawel Edelman. Partitura original: Wojciech Kilar. Con música de: Chopin. Intérpretes principales: Adrien Brody, Thomas Kretschmann, Maureen Lipman, Frank Finlay. Diseño de producción: Allan Starski. Diseño de vestuario: Anna Sheppard. Duración: 144 minutos. Color. Nacionalidad: Francia – Alemania – Gran Bretaña – Polonia

The pianist es una adaptación hecha por el guionista inglés Ronald Harwood de la autobiografía de Wladyslaw Szpilman, un judío polaco que detalló su supervivencia durante la Segunda Guerra Mundial. Un famoso compositor y pianista realiza su última interpretación en directo en las ondas de la radio polaca antes de que ésta sea devastada por la artillería nazi. Durante la brutal ocupación, se libra de la deportación y se queda en el getto de Varsovia. Allí logra mantenerse vivo después de separarse a todos sus seres queridos. Su sensibilidad artística se superpone al horror y le ayuda a enfrentarse a sus lágrimas. En los días finales de la guerra cuenta con la ayuda más inesperada.

Polanski (Paris, 1933) irrumpió en el panorama navideño de 2002 con “el drama más personal de su trayectoria”, según sus propias palabras. Galardonada con la Palma de Oro de Cannes 2002, El Pianista, con el excelente intérprete Adrien Brody encarnando al personaje protagonista, un brillante pianista judío polaco que escapa de la deportación de los nazis y sufre todo tipo de humillaciones en el gueto de Varsovia, está firmemente documentada.

El cineasta, que cuenta con experiencia en todo tipo de proyectos y oficios cinematográficos (ha sido director, actor, productor y guionista), reconstruye con profusión de medios el gueto judío durante la ocupación nazi para mostrar la aventura, el episodio vital y la odisea del joven judío, pianista de profesión, en su lucha por salvar la vida. El propio Polanski, que sobrevivió de niño al gueto de Cracovia –su madre murió en un campo de concentración-, se sumergió en sus recuerdos de infancia para narrar durante más de dos horas y media momentos emocionantes.

La cinta exhibe una dolorosa mirada sobre los acontecimientos ocurridos en la Segunda Guerra Mundial. El director franco-polaco tuvo que hacer frente a sus fantasmas de infancia, como al recuerdo de la obligación permanente de llevar marcada la estrella de David en sus ropas. Polanski ha confesado que se refugió en el cine para superar aquel horror. Fue durante este periodo cuando se convirtió en un cinéfilo devoto.

El cineasta de Tess, RepulsiónLa semilla del diablo, entre otros muchos títulos, firma entre la memoria, la evocación, la capacidad de perdonar, pero también el ajuste de cuentas, esta película coproducida por Polonia, Alemania, Francia y Gran Bretaña, aunque considerada esencialmente polaca. La destrucción del gueto por las tropas alemanas, el interés en la huida del pianista y la ayuda de un oficial constituyen los pilares argumentales.

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La primera media hora de la película habla de la reacción de la familia Szpilman al proceso de la negación de sus derechos, y de las dificultades para sobrevivir económicamente antes de que los alemanes comenzaran las deportaciones. El breve tiempo en el que la familia participa de la historia está muy bien aprovechado. Se podría incluso decir que sus personalidades están más desarrolladas que las del protagonista. Quizá Polanski quisiera dar a entender que Wladyslaw perdió su identidad al separarse de los suyos, o quizá se trata de un intento de enfatizar el desgarro emocional motivado por la distancia. Puede que el director simplemente lo utilice como un pretexto para adentrarse en las entrañas del horror.

La actuación de Brody merece el reconocimiento que recibió. El refinamiento y asombro ante los horrores se convierten lentamente en resignación y pragmatismo, para pasar a ser con el paso de los años una especie de instinto de animal desesperado por sobrevivir. Szpilman como individuo a veces parece un autómata, sin pensar, sin sentir. En largas secuencias sin diálogos de la segunda mitad, un hambriento y desesperado Szpilman mantiene la película por sí solo.

Y aunque El Pianista realmente descansa en los hombros de Adrien Brody, hay un elenco importante del que hablar. El reparto secundario, incluyendo a Thomas Kretschmann, Emilia Fox, Maureen Lipman, Frank Finlay y Ed Stoppard llena de buenas actuaciones la cinta. El hecho de que Polanski eligiera actores desconocidos para el gran público me parece un gran acierto. De este modo la historia no se deforma, la atención no se pierde y el espectador entra en la trama desde el principio. La credibilidad está asegurada.
  
El cuidado que Polanski profesó a su proyecto es obvio. La banda sonora y la fotografía son excelentes ejemplos de su mimo. Piezas de Chopin y la música del compositor polaco Wojciech Kilar están entre las obras de piano empleadas en la película. Se complementan con un preciosa suit de chello de Bach y hacen su aparición en la película en los instantes precisos, ajustándose al desarrollo de la historia.

La película es brutalmente honesta. Evita los estereotipos lo más posible. No todos los judíos se comportan noblemente y un oficial nazi demuestra que le queda al menos un poco de humanidad en su alma contaminada.

Aunque en ocasiones no estemos viendo al protagonista en acción, los hechos suceden desde su punto de vista, como si estuviéramos espiándolo mientras se mueve por sus escondites para ver a los alemanes asesinar a los judíos “para celebrar el Año Nuevo”, y más tarde contemplar cómo toman un vaso de su propia medicina cuando comienza el levantamiento de Varsovia.

Con cuarenta millones de euros de presupuesto y rodando en Berlín y Varsovia, Polanski puso especial mimo en el diseño de producción. Los lugares son realmente impresionantes y un marco inmejorable para que se sucedan los acontecimientos. Aunque el ambiente que reflejan está tratado frecuentemente con anterioridad en el cine, Polanski encuentra la fórmula para captar el interés en una historia en absoluto novedosa.

Lo que la hace especial para mí es la fusión del miedo, la absoluta pesadilla en que se convierte la huída del protagonista con el tema musical, la aparición de las notas clásicas en determinadas escenas.

La verdadera magia está en demostrar cómo ni el horror puede acallar la música, porque el Arte surge incluso en las peores condiciones posibles.

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