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Cecilia

agosto 13, 2007

En agosto el calendario nos recuerda la muerte de Cecilia. No la conocí pero disfruto, como les sucederá a muchos de ustedes, con sus canciones. En plena juventud dejó la vida en accidente de tráfico, entre bolo y bolo. Allá por 1976. Caía así el telón de manera trágica para la mujer que se dedicó a cantar/contar historias de amor/desamor atractivas por sencillas, entrañables por verosímiles…

¿Quién te escribía versos?
Dime quién era
¿Quién te mandaba flores por primavera?

¿Quién cada nueve de noviembre
como siempre sin tarjeta
te mandaba un ramito de violetas?

¿Quién, al escucharlos en la radio, no ha canturreado alguna vez sus temas? Son textos, que a pesar de los años transcurridos, constituyen aún el envoltorio ideal para las emociones. En Evangelina Sobredo Galanes, nacida en Madrid el 11 de octubre del 48, hija de diplomáticos, nos veíamos reflejados como en un espejo invisible, pues en el fondo si muchos no somos cantautores, como ella, de guitarra al hombro es porque ni nos atrevimos ni nos atrevemos. Así comienza su bellísimo “Andar”:

Aunque el camino sea estrecho
el polvo se pegue al cuerpo
aunque los vientos me arrastren,
sigo mi senda sin lastre.

Andar como un vagabundo
sin rumbo fijo, sin meta
a vueltas de veleta,
al soplo del viento, al azar
el caso es andar
el caso es andar.

Cultivó Cecilia la crítica social, que nunca olvidó al componer. Según su afilada pluma, determinadas apariencias no engañan. “Dama, dama” es un satírifo referente moral de pentagrama que no pierde vigencia para definir múltiples casos -algunos, obvios- de la fauna nacional:

Dama, dama
de alta cuna
de baja cama
señora de su señor,
amante de un vividor.

Dama, dama
que hace lo que le viene en gana
esposa de su señor
mujer por un vividor.

La inteligencia de un artista permite que su obra e intención le sobrevivan. De ojos intuitivos para descubrir estrellas y mente lúcida para encauzar cualidades, nuestro paisano Juan Carlos Calderón, número uno también en lo suyo, entendió el talento de Cecilia. Diseñaron ambos un “Amor de medianoche” de fascinante letra y melodía:

Me has mirado como quien mira el mar
como un lujo que debes conservar.
Yo no quiero ser tu sombra en un rincón
la muñeca que no tiene opinión.

Has comprado el silencio de mi voz
con amor que al fin no es más que amor.
Yo no soy la marioneta de cartón
el juguete que baila en tu guiñol.

Adios amor de medianoche
hoy mi voz quiere gritar
abre tu puerta y déjame volar…

“Mi querida España”, Cecilia pura, banda sonora de la actualidad sociopolítica:

Mi querida España
esta España mía
esta España nuestra
De tu santa siesta
ahora te despiertan
versos de poeta

¿Dónde están tus ojos?
¿Dónde están tus manos?
¿Dónde tu cabeza?
Mi querida España
Esta España mía
esta España nuestra.

Hay canciones e intérpretes inolvidables. En “Nada de nada” reconocía Evangelina lo poco que era y lo poco que somos:

Una palabra vacía en un poema
una luz de mañana.
Así de pequeña soy yo
nada de nada.

Como escribiera Oscar Wilde, “el arte de la música es el que más cerca se halla de las lágrimas y los recuerdos”. Resulta evidente que no podemos existir sin oxígeno, pero tampoco sin música. Más de treinta años después la huella de Cecilia, ausente y siempre presente, se mantiene viva en la memoria sentimental de muchos españoles. Por algo será.

Javier Rodríguez
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No hay nada peor que las largas horas de espera en un hospital… Ojalá no tengamos que pisarlo de nuevo pronto.

foto de lagape en 13/08/07

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