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Hugo, das kind in den besten jahren

agosto 25, 2007

Decía mi profesor de Historia de los movimientos sociales que “la memoria es un criado desobediente”. Él usaba la cita para justificar la obsesión que tenía con que anotáramos todas -sin excepción- las ideas que vertía en clase, pero a mí siempre me ha hecho plantearme cuánto tiene de verdad.

Ayer, precisamente, me ocurrió algo que me hace preguntarme el porcentaje de obediencia de mi propia capacidad mnemotécnica.

Durante mi etapa en EGB, tenía el sano hábito de devorar literatura juvenil. La afición era tal que llegó un punto en el que, en la biblioteca municipal, apenas me quedaban ejemplares nuevos de determinadas colecciones. Así ocurrió con la naranja de Alfaguara. Esas publicaciones de historias pensadas para mayores de 12 años me tenían encandilada.

Pero claro, el afán lector y la poca o nula costumbre que tenía por aquel entonces de llevar un registro de cuanto pasaba por mis ojos ha provocado que cuando años después he intentado recuperar alguno de esos libros me ha resultado, si no imposible, considerablemente difícil hacerlo. 

Llevaba años buscando una novela de la que sólo recordaba una ilustración y un dato. Un dibujo de una niña en un tejado chupando un chupachups y un protagonista con dos padres, ambos hombres. Y la sensación de fascinación que me provocó leerla. Ni en los foros literarios más especializados sabían dar con el título.

Pero a veces los milagros ocurren. Cuando ya había perdido prácticamente la esperanza de reencontrar a mi viejo amigo, un chispazo de terquedad cruzó mi mente y decidí repasar con minuciosidad los ejemplares conservados de la nombrada colección en la, hace años, frecuentada sección infantil de la biblioteca.

Y cuando ya estaba a punto de darme por vencida tras una primera ronda infructuosa tratando de encontrar títulos que hicieran sonar la campana del recuerdo, un impulso me hizo sacar de la estantería uno de los tesoros naranjas con título vagamente prometedor. 

¡¡¡Lo había encontrado!!! Una de sus ilustraciones lo delató: la niña, el chupachús y unas letras misteriosas.

kind.jpg

kind21.jpg

Una segunda lo confirmó: Aguafiestas 1 y Aguafiestas 2, esforzados padres de Hugo, el niño en sus mejores años. Obra insólita, basada en ocho láminas creadas por el dibujante vienés Jörg Wollmann, a partir de las cuales la maravillosa y nunca suficientemente valorada Christine Nöstlinger dio rienda suelta a su imaginación para relatar las peripecias de Hugo, un niño que no crece y decide defender a los otros niños con el mismo problema en una sociedad opresiva dominada por los adultos.

Por supuesto que lo he sacado para releerlo y esta vez, catalogarlo para siempre. A ver si ha perdido magia. Espero que no.

Ayer, un día de suerte y de reconciliación con mi, a ratos, desobediente memoria.

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7 comentarios

  1. La verdad que te motivaste mucho al reencontrar el libro jeje, yo mientras miraba a carpanta, supongo que la sección esa es como un pequeño viaje en el tiempo.

    El del niño que deja de crecer suena al tambor de hojalata


  2. Qué preciosa manera de relatar tu búsqueda, y que casualidades tiene la vida para que yo te lea justo el día que pensaba hablar de libros. Un beso Laudrey.


  3. Lo de Saramago y el cementerio está, o aquí:
    http://vitruvia.wordpress.com/2007/07/13/libros/
    o aquí: http://vitruvia.wordpress.com/2007/06/20/empatia/
    Perdona que te ponga los dos, pero no recuerdo en cual es y ahora tengo prisa y no me he parado a releerlos. Un beso.


  4. Con el tiempo los recuerdos se deforman, son transformados. Yo nunca me esfuerzo por recordar, porque todos mis sentimientos y recuerdos están ahí, y me asaltan a la menor oportunidad,..algunos de ellos me tumban, me mueven por dentro.
    ¿qué será lo real y lo imaginado? porque el recuerdo, con los años, nunca volverá a ser el mismo
    ni siquiera tú ya eres la misma
    Y de repente te empeñas, sin saber muy bien porque, en recordar algo, un hecho, que ahora en este momento, resulta imprescindible en tu vida, es necesario recordar.
    Hay que apoyarse..hay que revivir los recuerdos
    y luego dejarlos marchar..como al pasado.

    Hablando de la juventud, tengo que confesarme yo también y decir bien alto lo rara que parecia entonces, porque nadie se interesaba o leía lo que a mi me entraba por los ojos con gran facilidad: Shakespeare; novelistas franceses; El Principito (mi libro preferido, sin duda) y un largo etcétera de libros que nada se parecen unos a otros.
    Lo dejo aquí por si te apetece seguir con este intercambio de palabras.

    Me gusta tu sencillez y tu claridad
    Gracias por tu comentario en mi espacio.

    Un saludo!


  5. Los recuerdos nos pueden hacer felices. Rescato del magnífico comentario que me encantó que al leer el post inmediatamente recordé que en una ocasión en que estaba preparando unos exámenes cayó en mis manos un libro que comencé a leer. No pude dejarlo hasta el punto final. El título en cuestión es Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato y lo recomiendo.


  6. http://atalina.wordpress.com/
    Ahi tienes el enlace

    Un placer!


  7. Lauriux me ha encantado lo que me has escrito, definitivamente lo de escribir es lo tuyo, te quiero, gracias,,,,!!!!abrazos para ti tambien

    por Miriam agosto 30, 2007 at 3:45 pm



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