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Un libro insólito

noviembre 2, 2007

Cómo surgió la idea de escribir «Hugo, el niño en sus mejores años»

      Desde principios de los años 70 se publican año tras año los excepcionales libros infantiles de Christine Nöstlinger. La autora se ha convertido en imprescindible dentro de la literatura infantil alemana e internacional. Una literatura que ya no podemos imaginar sin ella. Sus libros son leídos por adultos y niños, constituyendo éstos ya la segunda generación, pues el tan traído y llevado «quinceañero» tendría ahora más de veinte años. ¿Seguirá leyendo los libros de Christine Nöstlinger? Probablemente. ¿Por qué no? La obra de esta autora vienesa demuestra sin lugar a dudas que la literatura infantil no tiene edad cuando es apropiada.
     
La «falta de edad» es uno de los temas de la novela. Hugo, el niño en sus mejores años, no crece, no puede hacerlo. Pero él ha asumido ya la idea y ha optado por ser niño. Una decisión que tiene malas consecuencias en  la sociedad de los adultos; los niños no son tomados en serio, y todo lo que un «niño» semejante sueña y desea es objeto de sonrisas condescendientes y tratado como utopía irrealizable. Lo que importa es que los niños obedezcan. Por eso en la novela dice Hugo con resignación: «Hasta un niño en sus mejores años tiene que atenerse a ciertas reglas de convivencia con sus padres.»
     
Los libros infantiles que toman abiertamente partido por los niños (u otras minorías) son raros. Las obras importantes de la literatura infantil han sido escritas, en general, con un enfoque crítico de la sociedad. Interceden en favor de los débiles, combaten las situaciones opresivas con fantasía social. El mensaje de estos libros es: Desconfiad de los adultos y de sus obras, confiad en los niños antes de hacerse mayores.
     
El «Hugo» de Christine Nöstlinger pertenece también a esta clase de libros. Es una novela extraordinaria en todos los sentidos. La literatura infantil alemana no ofrece apenas algo comparable. Su realización nos presenta una encantadora historia de fondo: la novela se basa en las ilustraciones fantásticas -ocho gigantescas láminas- del dibujante vienés Jörg Wollmann. Estas ocho láminas se encuentran añadidas, en un formato muy reducido, a la novela como ilustración. Pero precisamente esta circunstancia -que sería la normal- no es exacta: primero existieron los dibujos y luego fue escrita la novela.
     
Su realización es tan apasionante que no puede dejar de ser contada.
     
Como creador y dibujante de las ilustraciones, Jörg Wollman se quedó al principio sorprendido al ver en lo que se convertían sus dibujos. ¿Qué sucede cuando los dibujos propios se independizan y cobran vida en la fantasía de otro?
     
Jörg Wollman escribe sobre ello en una carta: «Todas las primaveras se celebra una feria del libro infantil en Bolonia y yo tenía ganas de viajar allí. Quería ver los libros nuevos, hablar con la gente, mostrar mis trabajos y quizá vender algo. En fin, esas ilusiones que uno se hace. Pero claro, las cosas no son tan sencillas. Para ser francos, yo no aconsejaría a nadie tratar de mostrar y vender algo en esa ciudad. La gente le trata a uno como al representante de un crecepelo de probada ineficacia cuando te ve andando por ahí con una carpeta debajo del brazo. A propósito de carpeta, había reunido en ella toda clase de trabajos de mi estudio: xilografías (todavía de la academia), dibujos a pluma y un calendario; solo faltaban dibujos a lápiz. Así que empecé un dibujo a lápiz sobre una hoja grande (78×62 cm, el formato de mi carpeta de viaje).
      »Para una feria del libro infantil tenía que representar a un niño en una posición destacada. Así que coloqué a la niña gorda encima del tejado. Y especialmente para ella escribí con letras de humo en el cielo: ONCE UPON A TIME… en clara referencia a los editores de libros de cuentos que se dan cita en Bolonia saliendo de la chimenea de una fábrica, para mostrar que allí se produce a gran escala.

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      »Los personajes surgieron después como actores que van al ensayo sin conocer la obra que van a interpretar. Quería que fuese un conjunto de seres variopintos. Grandes y pequeños, personas y animales. La guardia tradicional de la coliflor que se dispone a disparar festivamente contra una llave está inventada, y la mujer pequeña y pobre que vive en la bolsa de papel, también. Pero el conejo, por ejemplo, es un conocido del Mülhlviertel alto austríaco, que trata de darse aire de intelectual con su barba. Mientras no abre la boca todo va bien…
      »A la gente de la feria le gustó lo que estaba haciendo, pero no se produjeron contactos más estrechos. Ni rastro de los encargos que había esperado. Lentamente y de manera más casual surgieron otras dos láminas, el parque y el anticuario. Después, seguro que fueron varios meses,  enseñé (tras un acercamiento telefónico) mis dibujos a Christine Nöstlinger. Le pregunté si quería escribir una historia para mis dibujos…»
     
Jörg Wollmann ha contado «su» historia con dibujos. Esta historia no aparece escrita, hay que buscarla en las ilustraciones. Cada cual a su manera.
     
Christine Nöstlinger se embarcó en la «aventura»; los dibujos le gustaban. Pero necesitó cierto tiempo para descubrir una trama: la suya. Abandonó la idea primitiva de escribir el texto para un libro ilustrado, y así surgió la fantástica novela de más de 200 páginas, tal como se nos presenta ahora.
     
      
Interrogada por el tema, la acción y los problemas de su libro, Christine Nöstlinger dijo lo siguiente:
     
«Estuve conviviendo durante algún tiempo con los dibujos y escogí sólo los detalles que me fascinaban de manera especial y que son todos absolutamente demenciales… Hay, por ejemplo, una niña parecida a la Alicia del País de las Maravillas que sujeta en la mano una cuerda con un globo y encima del globo  hay una típica casa unifamiliar americana, y justo al lado un personaje con un gran bigote que va en bicicleta por el aire, y debajo pasean 20 perros con gabardina; para cada uno se me ocurrió algo… Naturalmente, existe una intención detrás de todo aquello. En primer lugar, me gusta mucho escribir historias fantásticas, y creo que la fantasía no debe presentarse de manera nebulosa y sin compromiso social y político. Creo que habría que dar a la fantasía un poco más compromiso del que se da actualmente a los libros infantiles fantásticos.»
      Escribir esta novela me ha divertido mucho. Fue un verdadero placer. Para mí resultó muy excitante porque me encanta escribir sin saber lo que viene a continuación. Claro que en estos casos tengo que tomarme mucho más tiempo que con otros libros. Estoy convencida de que los niños no siguen leyendo si no se divierten con la lectura. A mí, por ejemplo, me gustaba mucho que los padres fuesen dos señores -los he llamado Aguafiestas 1 y Aguafiestas 2-; me parecían muy divertidos. En fin, son las cosas que surgen cuando se introduce uno en la fantasía de otra persona…»
     
El lector descubre en la novela una enorme cantidad de personajes que intervienen alternativamente en la acción. La importancia y el peso que les ha dado la autora no se puede deducir de los dibujos; sin embargo, ningún personaje ha sido inventado libremente; cada uno se encuentra en los dibujos. Buscarlos y seguirles la pista, descubrir en las ilustraciones hechos y lugares de la novela, es sin duda otro aspecto delicioso del libro.

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One comment

  1. quiero dibujos de la obra un gato no es un cojin



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