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Atrapados por la marea

junio 23, 2008

Dentro de un recinto acristalado, soy testigo de cómo una ola gigante en una subida de marea atrapa a muchísima gente, a mí incluída.  Un hombre mayor se queja porque no entiende cómo siguen dejando que nadie viva tan cerca del mar, si hay crecidas así, aunque no ocurran a menudo. En ese momento miro desde dentro de la cristalera y soy testigo de una especie de repetición del momento en el que la ola enorme nos envuelve, aunque lo que yo veo es cómo se lleva mi toalla y demás enseres de la playa.

Cuando consigo salir del agua, soy consciente de la cantidad de cosas que he perdido en el mar: ropa, objetos personales… Lo voy recuperando poco a poco, pero me doy cuenta de que me falta la toalla, así que vuelvo a por ella. La tiene una chica, envolviendo una de sus piernas, que no para de sangrar. Veo que la van a subir a un autobús y me acerco a ella y le digo que es mi toalla, que me la compró mi madre. Ella me la intenta devolver, y en ese momento me doy cuenta de lo increíblemente egoísta que estoy siendo, así que le digo que intentaré buscarle otra cosa con que cubrirle las heridas.

Hay un montón de niños que me transmiten indefensión, no sé si porque siguen en el agua o porque están fuera y se encuentran solos. Hay mucho miedo a que muera gente ahogada. La mayoría de la gente sale, pero otra tanta se queda en el agua, fuera de nuestra vista. Entre ellos mi padre, mi amiga Elena y Ross, de Friends.

Elena aparece al cabo de unos días, hecha un desastre y es reticente a contar cómo ha conseguido volver y qué le ha pasado. Yo me extraño de no estar preocupada por mi padre, que no ha aparecido aún, pero mi madre dice que sabe que está en la barca de un pescador. Yo pienso que será terrible aguantar el sol para él tantos días en el agua. Ross no aparece, aunque nos hace algo de gracia que haya desaparecido en el mar de Santander.

Se va acumulando una enorme montaña de cosas que no está permitido tocar y pienso que cuando aparezca todo el mundo repartirán lo que hemos perdido dentro de la masa de agua y personas.

Foto: Santander, by Suspe

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2 comentarios

  1. Si fuera Ross jamás vendría por Santander. Han pronosticado tu desaparición en un mar traicionero, amigo. Y posiblemente tu muerte.

    Supongo que después de despertarte buscarías la toalla, yo lo hubiera hecho.
    Me ha hecho un montón de gracia la frase que todo el mundo utiliza como clave en la propiedad de una cosa: “Me la compró mi madre”. ¡Dios!, ni todo el derecho internacional junto es mas poderoso que esa simple frase. Puede perfectamente usarse como “casus belli” sin mas. Es la legitimación máxima de cualquier acción en defensa de nuestra propiedad.


  2. Efectivamente, esa frase debería servir hasta para cuando te intentan levantar a la novia.

    Es un buen sueño para antes de tu primer baño del verano.



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